La felicidad se contagia. Ese es el resultado de un estudio de investigadores norteamericanos (La Voz, 6-12). Una muestra de cinco mil personas y veinte años de trabajo llevaron a la conclusión: estar rodeados de personas felices aumenta las propias posibilidades de felicidad. Así que ya lo sabe, rodéese de personas felices y será feliz. Sea feliz para que sus allegados lo sean.
El contrapunto aparece tres páginas más adelante en La Voz de ese día. Una transfusión contagia el sida a un chico hemofílico y fallece a los 19 años. Su familia queda sumida en la más profunda tristeza. La fortaleza de una mujer psicoanalista supo sembrar la ilusión en su marido arquitecto, porque «si él se destruye, se destruye todo a su alrededor». La tristeza también se contagia. El proyecto para la Exposición Universal de Zaragoza surgió de esta dolorosa situación y fue cedido al Ayuntamiento para que el nombre de su hijo figurase en algún rincón. Una plaza de la Expo se llamará Lucas Miret. Los padres han convertido su tristeza en un permanente recuerdo positivo.
A esto añadimos que, en la revista Mujer Hoy, que acompaña a La Voz de ese día, se dice (página 37): «Un niño de cuatro años se ríe unas 500 veces al día y un adulto solo 15. Reírse a carcajadas es como practicar footing interior. Es muy importante tener un botiquín de humor con chistes, libros, vídeos».
Así que ya lo sabe: para estas Navidades, Año Nuevo y todos los años, regale y regálese felicidad. Sea feliz y contagie a los demás su felicidad. Ríase y haga reír.
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