El marianismo político -«centro, mujeres, diálogo y futuro»- no contemplaba entre sus tesoros fundamentales ni la coherencia ideológica ni el realismo político, y por eso está entrando en una vereda en la que, para cumplir la estrategia de los asesores de Génova -«acosar a Zapatero hasta la extenuación»- no hace más que bordear la mediocridad, exhibir ocurrencias y juegos de palabras, y decir tonterías.
Como prueba y resumen de lo que pasa en el PP se puede escoger lo dicho por Rajoy en el mitin de Almería, donde aprovechó las informaciones sobre una posible compra del paquete que posee Sacyr en Repsol YPF para ponerle a Zapatero las cosas imposibles. La venta de ese paquete a Lukoil le parece a Rajoy «inmoral e inaceptable», e invocando razones estratégicas reforzadas por la autoridad reconocida de Felipe González, emplazó al presidente del Gobierno a que «no ponga la energía, el gas y el petróleo de España en manos de los rusos». Es lo que se dice «economía en estado puro».
Si usted hace hermenéutica de este mitin verá que no es posible decir más mentiras ni más simplezas en menos palabras, y que lo único que quedó por explicar es lo que más le interesa saber a los españoles: ¿qué haría usted, señor Rajoy, para impedir la venta de un activo de una empresa privada a otra?
Puesto que el Gobierno aún no ha intervenido, hay que suponer que la acusación de inmoralidad que hace Rajoy va dirigida a Sacyr, a La Caixa, a Lukoil y a la normativa liberal que orienta nuestra actividad económica, de donde se colige la enorme capacidad que tiene el PP para hacer enemigos en su propio ambiente y para buscar el aplauso cerrado entre las masas de la izquierda que jamás lo votarán. Y, puesto que España no tiene ni gas ni petróleo, y que lleva varios años apuntando a Rusia como uno de sus inevitables suministradores, también cabe suponer que cuando Rajoy habla de ese petróleo y ese gas que los rusos van a controlar de forma inmoral e inaceptable, los está comparando con el gas y el petróleo que nosotros traemos de Bolivia, Argentina, México, Venezuela y Argelia, que, a la luz de la doctrina Rajoy sobre compras y empresas, constituyen un expolio indecente -¡viva Chávez!- y un riesgo enorme para el país que le otorga sus yacimientos a Repsol YPF.
Lo malo es que estas palabras de Rajoy no son una excepción, y que todo el enfoque de la crisis se hace así, desde la demagogia y la irresponsabilidad, al servicio de su impaciencia por llegar a la Moncloa. Y por eso no puedo evitar una sensación, muy preocupante, que ahora me embarga: cuando, después de escuchar a Rajoy, sigo las réplicas de José Blanco, tengo la impresión -Dios me perdone- de que ha resucitado Adenauer.
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