No fue una cumbre. Fue solo un homenaje de despedida que se organizó Bush, el señor de la guerra. Viajaron desde todos los continentes en sus aviones, que pagamos todos. Desde Australia, desde Japón, del Banco Mundial, de China, de Arabia Saudí. Y estaba Zapatero, que mendigó su plaza a Sarkozy. «Te daré lo que me pidas». El planeta, pendiente de ellos. Y ellos, más de lo mismo. Cena, buenas palabras y pose para la foto. Esta vez no fueron 19 platos como la cena de reyes de la reunión del G-8. Pero también le llegó. El menú empezó con una codorniz ahumada con madera de árbol frutal y acompañada de arroz de quinoa. Después, un costillar de cordero asado con tomillo, una fondue de tomate, hinojo y berenjena, y jugo de setas chanterelle . Degustaron una ensalada exótica con vinagreta de sidra y una tostada de nueces con queso suave de Vermont. Para acabar, tarta de pera con salsa de arándanos azules. La cena estuvo regada con un chardonnay Damaris Reserve del 2006 de la bodega Landmark , que se vende a 40 dólares la botella. El que sabía de vinos esperó al cabernet Hillside Select del 2003 de Shafer , que cuesta diez veces más. Vamos, el típico menú del día para currantes. Y así fue como estos estómagos agradecidos hicieron la digestión de todo el hambre que hay en el mundo. La cumbre del márketing. Estuvieron otra vez encantados de conocerse y se rieron un poco más de nosotros.
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