«O que fai Vieira de Galicia, facémolo nós na casa, e listo». Esta afirmación, escuchada de boca de una cambadesa, demuestra que consumir vieira con toxina está al orden del día en muchos hogares gallegos. Y, por lo que parece, en los restaurantes también.
Los más prestigiosos restauradores de Galicia cerraron ayer filas con Toñi Vicente. Lo malo es que en ese alarde de corporativismo lanzaron una acusación que pone los pelos de punta a quienes se toman en serio las cautelas sanitarias y prefieren comer marisco «de fóra» antes de arriesgar su salud: que las raciones de ácido domoico se sirven en decenas y decenas de restaurantes gallegos.
Y lo peor es que no deben andar errados. De otra forma no se entiende el repentino interés por una vieira gallega eviscerada que, hasta ahora, no despertaba demasiada pasión entre los hosteleros.
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