Soy un ingenuo. Creía que, para pasar a la Historia, primero había que merecerlo. Pero no. Hoy es al revés. Zapatero lo acaba de demostrar. Ha nombrado un gobierno de récords, en vez de méritos. Como si gobernar fuese un juego y todo dependiese solo de su varita. «Tengo la ministra más joven de la Historia, tengo la primera ministra mujer en Defensa, tengo el primer gobierno con más mujeres que hombres», decía en rueda de prensa y se reía. Menuda broma. Y ¿los méritos? El cargo de la ministra de Igualdad era directora de la Agencia Andaluza del Flamenco. La experiencia de la de Vivienda se resume en unos meses en una concejalía en Madrid. Eso es un ascenso. El de Industria es ministro por fracasar como candidato a alcalde en Madrid. Esperábamos respuestas urgentes a una crisis que amontonará parados en las aceras y nos encontramos con un gobierno para el cervecero libro Guinness. Está claro que, entre la responsabilidad de gobernar y la irresponsabilidad, solo hay una diferencia de dos letras. Otro récord para el nuevo gabinete: figura el único cargo de un gobierno reprobado por el Senado. Reprobada y odiada, sobre todo en Galicia y Cataluña. Me refiero a Magdalena Álvarez. ¿Por qué sigue? Porque a Zapatero y a Chaves les da la gana. Tienen cien días para demostrar que los príncipes no salen ranas y que Zapatero es Guillermo Tell y acierta hasta cuando cierra los ojos.
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