Una buena parte de la afición quedó decepcionada con Caparrós. No es habitual que un técnico se vaya por iniciativa propia de un club cuando aún le queda un año de contrato. Él lo hizo y ofendió a los seguidores deportivistas que, como suele ocurrir en estos casos, no llevan bien eso de que se les deje por otro. Pero más allá de esta cuestión, sería injusto calificar a Caparrós como una especie de traidor. Durante su estancia en el Deportivo se entregó en cuerpo y alma al trabajo e intentó integrarse en el tejido social del deportivismo. Cumplió con los objetivos ?se engaña quien piense que el Dépor estaba para grandes empresas? y puso en el mapa la cantera blanquiazul. El tiempo, que casi todo lo tapa, ha sumido en el olvido una pregunta relevante: ¿Qué le pasó a Caparrós para que pusiera pies en polvorosa? El andaluz ha hecho voto de silencio sobre su pasado gallego. Probablemente, el primer perjudicado por su secretismo sea él mismo, cuya imagen en A Coruña ha quedado injustamente dañada. No en vano, no escapó del Deportivo, al que aprecia de verdad, sino de una persona que le falló.
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