Resulta curioso que esta España de las diecisiete patrias autonómicas ?en la que hoy exaltamos la gallega? sea en la actualidad más homogénea cultural y socialmente de lo que lo ha sido nunca en el pasado. Para quienes pudieran albergar al respecto alguna duda, les propongo una entretenida lectura de verano: La Biblia en España, maravilloso libro de viajes escrito entre 1836 y 1840 por George Borrow ?don Jorgito el inglés?, quien, por encargo de la Sociedad Bíblica Británica, recorrió la España de mediados del siglo XIX haciendo apostolado.
La Biblia en España es, desde luego, un apasionante relato de aventuras (con asaltos, huidas, encarcelamientos, conspiraciones y bandidos) pero es también, al tiempo, un retrato insuperable de las múltiples Españas que convivían en la Península, sin casi conocerse, bajo el corsé de la monarquía, la Iglesia y el Ejército. Bastaba entonces con pasar de Galicia a Castilla (una hazaña llena de riesgos) o de Castilla a Andalucía (una peripecia llena de peligros) para captar hasta qué punto los pueblos del país permanecían aislados en su propia geografía, sin que nada, salvo quizá el catolicismo, unificase tal diversidad.
Como otros tantos europeos, los españoles nacían, vivían y morían ?en su mayoría? sin haber salido nunca de sus pueblos y sin haber visto jamás otras caras que las de sus vecinos más cercanos. De hecho, solo las guerras o el servicio militar permitían romper unas fronteras marcadas por la pobreza y la ignorancia.
¿Qué tiene que ver ese país con el de hoy, en el que millones de españoles viajan año tras año por la geografía nacional y casi todo el mundo sigue los mismos programas en la tele, ve las mismas películas, oye la misma música, viste la misma moda y sabe de la vida y milagros de todo ese famoseo que suscita pasiones similares de Norte a Sur y de Este a Oeste?
Porque esa es la verdad: que de la unidad autoritariamente sostenida por reyes cenutrios, curas reaccionarios y militares chusqueros hemos pasado a la unidad democrática impulsada por Zara, la Liga de fútbol, las revistas del corazón y El Cortes Inglés. ¡Lo que no pudo la Guardia Civil con sus escopetas y tricornios ?generar sentido de comunidad? lo han conseguido Hola y Diez Minutos!
Por eso, las celebraciones de las patrias ?de las diecisiete patrias regionales y de la patria nacional? son lo que son: fiestas de minorías y políticos, que no acaban de entender que a la mayoría de la gente la única patria que le interesa de verdad es aquella que le permite, como ya anunciaba la Constitución de Cádiz, la felicidad de la nación. Por eso, mientras unos se manifiestan y otros se visten de etiqueta, los del pueblo llano nos vamos a la playa a disfrutar de estas patrias acogedoras, grande y chica, en las que por fin tenemos paz y libertad.
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