La cantante norteamericana abrió los conciertos del parque de Castrelos con el primer lleno del verano
Norah Jones es hija de Ravi Shankar, pero nadie lo diría. Del progenitor no se le pegó la afición al sitar, ni la inclinación por los sonidos exóticos de la India. En realidad, al maestro que veneraron The Beatles le vio muy poco el pelo. Y eso que tenía dabondo el maestro que hoy cuenta 90 años. Ella vivió en Nueva York con su madre hasta los 4 años, pero después se mudó a Tejas, donde pasó su niñez, su adolescencia y parte de su juventud. Y ahí está el quid de la cuestión. A Norah Jones siempre le ha tirado más el country rock que el jazz pop que la hizo famosa hace ocho años, y poco a poco ha ido reconduciendo su carrera hasta acercarse a las fuentes que mamó en la pequeña población de Grapevine.
Así lo demostró ayer en el concierto con el que el auditorio al aire libre de Castrelos levantaba el imaginario precinto para abrir la temporada de conciertos de verano. Empezó la sesión Sasha Dobson, que forma parte de la banda de Norah Jones, donde toca percusión, guitarra y hace coros. Dobson, que acaba de sacar su tercer disco, Burn , sorprendió al auditorio con una sesión densa de guitarra y voz que más que animar el ambiente invitaba a una cabezadita. Algo se arrancó el respetable cuando la propia Norah la acompañó en los dos últimos temas de la telonera.
Larga espera
Veinte incomprensibles minutos tardó la artista norteamericana en reaparecer en el escenario, para desesperación del personal, que dormitaba u optaba por levantarse y buscar con la mirada las vías de salida por si aquella espera se alargaba.
Al fin arrancó Norah Jones, acompañada de una gran ovación con Wouldn't Need You , a ritmo de pop rock. Y siguió con pop rock intentando reanimar a un auditorio evadido gracias al arte de Dobson.
En el recinto de pago no quedaba ni una silla libre. Las últimas entradas, de las 1.500 que salieron a la venta, se habían agotado hace días. En las gradas del auditorio, el famoso poleiro con entrada libre que ha sido recientemente reformado, tampoco quedaban huecos.
El repertorio de esta gira se centró en las canciones de su último disco, The Fall , que aunque en inglés significa La caída , no ha supuesto un batacazo en su carrera, ya que está entre los 50 más vendidos en el 2009 en todo el mundo.
Para el final se reservó el tema que la hizo famosa, Come Away With Me , solo antes de los bises, cuando los espectadores ya creían que no llegaría.
El auditorio consiguió vibrar porque estaba dispuesto a disfrutar de la primera de las noches musicales del verano vigués en su entorno más emblemático. Ahora, Norah prefiere tocar en vivo más su guitarra Fender que el piano, como hizo ayer, envuelta por una cálida luz anaranjada y arropada por una banda en la que no faltan ni el acordeón ni el contrabajo, aunque a veces se echa de menos una escenografía que recree un granero.
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