Viejas fábricas se han convertido en tiendas y centros de actos culturales.
Una fábrica de harinas es la principal industria de la zona oeste de Zúrich y cerca de ella un trípode sostiene una varilla que indica hasta qué altura llegará una nueva construcción prevista en la zona. «Es algo a lo que obliga la ley», explica Monika Ghidoli. Muy cerca, una vieja fábrica de cervezas alberga ahora cinco galerías de arte, mientras que decenas de arcos de piedra de un viejo viaducto sobre el que pasa el tren se están habilitados para acoger tiendas; una de ellas, dedicada a elementos de surf, ya está instalada.
A escasa distancia, la escultura de una turbina evoca el uso que tuvo un edificio como fábrica de motores de barcos en el que ahora se puede comer en su restaurante, asistir a una función teatral en una de las salas o a un concierto de jazz en otro de los espacios.
Y mas allá, una de las fachadas de la amplia plaza muestra un moderno edificio que al acercarse a él descubre la que fue una amplia nave metalúrgica que conserva dos grúas de 8 y 30 toneladas en cuyo entorno hay desde tiendas hasta gimnasios. En esta zona, la única de la ciudad con numerosas obras, es posible encontrar también una tienda hecha con contenedores de barcos o un restaurante, Le Halles, en el que es posible jugar al futbolín, comprar una bicicleta o llevarse una camiseta de Marco Pantani, en una curiosa mezcolanza ampliada por el acento sudamericano de varios de sus responsables.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios