El presentador de informativos de La Primera, autor de la novela «El hombre del baobab», no se siente culpable «por salir en la tele y tener la pasión de escribir»
La poesía fue el camino por el que transitó David Cantero (Madrid, 1961) hacia la literatura, como lector ávido y maravillado y como escritor, porque el periodista y presentador de informativos de fin de semana de La Primera asegura que escribe desde siempre, «desde que tengo recuerdos». A un poemario que agotó la edición y una primera novela, Amantea , se suma ahora El hombre del Baobab , una historia dura y tierna a la vez que presenta estos días en una gira promocional que le ha hecho recalar en Compostela.
-¿África no es algo gratuito en esta historia, verdad?
-No, es más que un escenario, es un personaje más. Hay más escenarios, pero el protagonista acaba en África tras una huida de sí mismo, y allí al fin se reencuentra.
-¿Nace de sus viajes profesionales?
-Sí, pero sobre todo del impacto que África causó en mí siendo un niño, porque mi padre vivió allí muchos años, y eso me marcó mucho. Cuando los padres de los demás niños tenían trabajos normales, el mío estaba en el Congo belga. Supuso tener una casa llena de objeto africanos, de máscaras, fotos, postales maravillosas con guerreros y con animales salvajes. Todo eso me impactó. Me llevó a tener una pasión desmedida por África y el deseo de ir allí. Cuando lo hice, ya de adulto, me apasionó hasta el punto de querer incluirlo en una novela, que es un homenaje a mi padre, que nunca volvió a ser el mismo tras su experiencia africana.
-Es una historia dura de desencuentros, de desamor.
-Sí, porque es la historia de un hombre que no sabe estar en esta vida, que no sabe amar, un hombre desesperado que se plantea el suicidio como salida, pero se entera de que a su padre le queda poco de vida y decide llevárselo a África, hacer un viaje muchas veces postergado en el que se reencuentra con su padre y consigo mismo.
-¿La faceta literaria es un escape de la periodística?
-El David que intenta ser escritor y el que es informador viven juntos y trabajan juntos, pero en habitaciones separadas. No mezclo nunca las dos cosas. El periodismo debe ser rigor y concreción, no opinar, no fantasear. Pero a la vez nos permite disfrutar de las palabras, que es nuestra materia prima, jugar con ellas de otra manera, inventar personajes. Los que escribimos somos como aves de rapiña, y aprovecho todo el material humano, visual y olfativo que proporciona el periodismo.
-¿No le tienta volcar su bagaje profesional en un libro?
-A veces me siento acusado de ser un escritor mediático, cosa que me irrita un poco. Vamos a aceptar que se venden más libros por aparecer en la tele, pero esa no ha sido jamás mi intención, y no creo que deba sentirme culpable por salir en la tele y tener la pasión de escribir. Si hubiera querido ser escritor mediático podía haber descrito, y no lo descarto, mis viajes con el papa Juan Pablo II por el mundo, siguiéndolo con el ojo de una cámara, o mis anécdotas como profesional. Creo que soy honesto en mi trabajo y un aprendiz de escritor.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios