Ellos sí que son de sobresaliente

ESTOS PROFESORES SON DE DIEZ Se acaba el curso y cerramos etapa con un homenaje a esos profes que enseñan a saber y a crecer. Entramos en cuatro aulas donde se respira un feeling muy notable...

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18/06/2017 12:43 h

Se acerca el fin de curso, y el momento del tentempié matinal en la clase de Pilar Eijo López (Xove), profesora en el CEIP Plurilingüe Santa Rita de Galdo, en Viveiro. Ella es la tutora de sexto de infantil. Sin embargo, los peques, con sus mandilones de cuadros verdes -que ya no usarán en el curso 2017-2018- están ya más pendientes de la cámara del fotógrafo que del manjar que hay dentro de sus mochilas. Aunque se les nota que tienen algo de hambre, a unos más que a otros. No hay nada como la merienda que prepara mamá o papá para aguantar la larga mañana antes del mediodía (en el centro hay comedor). Son 17 alumnos, 8 niños y 9 niñas. Les faltan días para decir adiós a infantil y hola a primaria, después del salto al mar de las vacaciones. Septiembre marcará para ellos un cambio de ciclo. ¡Se nos hacen mayores estos peques! Snifff...

«APRENDO MOITO DELES»

El aula se parece al mundo de los niños, está llena de colorido, letras y números tamaño XXL, dibujos en los que ellos sacan su intenso mundo interior, mesitas y sillitas, zona de aseo en versión hobbit, la pizarra en la que Pilar dibuja su saber para extenderlo a los niños, los lapiceros a tope de material, las estanterías con las obras maestras de cada menor... Todo ello son estímulos que les ayudan a crecer tanto en lo cognitivo como en lo creativo y a sacar lo mejor de sí mismos. Y ese ha sido y sigue siendo el afán diario de esta profesora que, confiesa abiertamente, quiso repetir la carrera de Magisterio, convalidando asignaturas, para hacer la especialidad de infantil, en A Coruña. Antes había hecho la de Matemáticas en Lugo, pero, dice, «ao coincidirme dar clase en infantil, estar cos nenos encantoume!».

«Sus» niños son Diego, Jesús, Manuel, Uxía, Marta, Yanira, Lucas, Laura, Cecilia, Ainhoa Fernández, Luis, Yeray, Bruno, Ainhoa Lamelas, Amanda, Daniela y Lois. «É un grupo bastante uniforme», indica. Son 17 joyitas, 17 diamantes sin pulir aún que al clic de la cámara para la foto de rigor son la espontaneidad en estado puro. Pilar evita que la sesión se nos revolucione. «¿Os gusta la profe?» Suena un «¡¡¡síííííí!!!» que traspasa las paredes del centro. «¿La vais a echar de menos?», les pregunto. Unos dicen varios síes bien enfatizados, pero otro confiesa: «Yo la veo siempre en verano». Ella les dice que aún se van a encontrar por los pasillos, en la pista deportiva, en el hall... Aunque, seguro, ya no será lo mismo que pasar con ellos horas y horas y horas. «Eu aprendo moito deles -dice la maestra- e gústame verlles as caras de agradecemento e de satisfacción. Son moi sinceros e din a verdade. Os máis maiores xa teñen máis picardía. A verdade é que te absorben totalmente. Dende que pecho a porta, non me acordo nin dos meus problemas da casa». Uno de los detalles que dan idea de lo importante que es la figura del profesor en los primeros años de escolarización, y más en casos como este en que se nota el feeling, es el tiempo que estos peques pasan en el cole. Algunos ven más a Pilar que a sus padres: «De feito, algúns dos meus alumnos me teñen chamado ‘mamá’ ou ‘abuela’». «Pois eu sei dalgunha nena da súa clase -le contesto- que á súa nai chamouna Pili o outro día». Pilar sonríe... «Si, algún me chama Pili e iso que ninguén me chama Pili. ¡Incluso a veces me teñen chamado ‘papá’!». Ahora la que ríe soy yo. De vez en cuando ellos la agasajan con flores, con dibujos en los que la retratan, con ese estilo de la estética tan único de la infancia, y esa frase mágica: «Te quiero».

Esta profe ha dado ya clase a niños muy pequeños en distintos rincones de Galicia: «Sobre todo pola Mariña. Onde máis lonxe estiven foi nunha unitaria en Carballido (A Fonsagrada). Aquí en Galdo levo 20 anos». Otro de los factores que hacen que los lazos se estrechen es que este es un colegio familiar, y así lo certifican también algunos padres. «Dáme pena que acabe xa con eles, aínda que nos imos ver e segue habendo un vínculo entre nós», señala. Ahí seguirá el próximo curso, ya no con este grupo. Serán otras las caras diminutas, alegres y especiales que verá en el aula. «Vivo con moita satisfacción encontrarme anos despois cos que foron meus alumnos», añade. Aún es pronto para que los de sexto de infantil del CEIP Santa Rita de Galdo sepan ya cuál será su futuro: «Bueno... aquí xa hai algún policía, un futbolista... E algunha profesora tamén». Como Pilar.

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«ELLA SIEMPRE DICE: 'VENGA, TÚ PUEDES'»

Hay mucha Vida en el aula de sexto de los Franciscanos de A Coruña. Vida con mayúscula, que así se llamará la niña que lleva en la barriga Arantxa, profesora de ciencias y tutora del grupo de la foto, un equipo «bueno y cohesionado. Son creativos y tienen iniciativa, no hay que decirles nada para que trabajen todos a una». La nota es alta. También la luz y la impresión de verano que da una clase que tiene en las paredes el azul de las piscinas. «Les di la mano en primero de primaria y ahora despido a grandes personas», asegura la maestra que les vio crecer. ¿Arantxa con tx, no? «En realidad mi nombre es Aránzazu», dice ella que, con sus 20 años de carrera docente, advierte que el cambio de los chicos de primero a sexto es grande, tiene su ciencia, la materia que les enseña a aprender. «A los 6 años -cuenta-, los niños tienen en ti una figura casi materna, son muy dependientes a nivel afectivo, emocional. En sexto también te necesitan, pero ya tienen una estructura en su mente, una personalidad, que hace que diferencien bien el papel que cumples con ellos. Lo que noto ahora es que se traen mucho de casa, te piden consejo, les pesan más las vivencias de fuera que las del ámbito escolar, quizá porque aunque la comunicación es más abierta no hay muchos tiempos compartidos en casa». Tras once años en primero, Aránzazu ha dado este año el salto a sexto. ¿Qué tal el debut con los «mayores»? «Muy bien, ahora les vuelvo a dar la mano, pero todo este tiempo les he acompañado».

Los tiempos cambian, se va EGB, llega la ESO, los chavales se empanan o no se empanan, pero las ganas de volar se parecen a las que soplaban hacia BUP. ¿Será duro el salto a la adolescencia? «El salto en sí no es tan grande -advierte Maite Sánchez, directora académica del centro-. Hay que trabajar día a día la constancia y la responsabilidad, hacer equipo con los padres y entender que hay etapas, como la adolescencia, por las que todos debemos pasar». Respeto, responsabilidad y empatía son tres de las notas que distinguen a un buen alumno, según el equipo docente de los Franciscanos. ¿Qué cualidades sobresalen de la tutora de los chicos de sexto, según ellos? «¡Ella es intocable!», dice uno de los alumnos que atrapan a Aránzazu en un abrazo de oso. «Si tienes un problema, te ayuda a buscar la solución. «Ella te apoya, siempre te dice: ‘Venga, tú puedes». «Empieza el día con una sonrisa y tiene mucha paciencia con nosotros». «Es muy graciosa y pone ejemplos de verdad. «Arantxa, me gustaría ser como tú. Gracias por lo que nos has enseñado. ¡Te queremos!». La vida sigue su curso. Y viendo la tripa de la profe, de manera sobresaliente.

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«TE PREMIA SI RESUELVES ENIGMAS DIFÍCILES»

El mundo está en sus manos. El futuro crece en las aulas, en esta con fuerza, barullo y las ganas que tienen ya de dar el salto al instituto. «Algunos profesores son como padres, se parecen a esa figura, aunque a un padre puedes llamarle viejo y a un profe no le digas que tiene más canas», dice Claudia. A unos días de la fiesta de fin de curso, vuelve con rango de exalumna al que fue su cole, el Juan Fernández Latorre, que celebra 25 años viéndolas crecer en el barrio coruñés del Castrillón. Al salir de clase, del IES Monte das Moas, Claudia y Lorena vienen a contarles a los de sexto qué se encontrarán en el instituto. «Les hablamos de los negativos, de profesores que destacan por ciertos motivos... -dicen creando una nube de suspense-. De la señora que te manda salir del pabellón porque no te da tiempo a cambiarte y de la que controla a los alumnos, que no es que sea mala, pero cuando se oyen los pasos de sus tacones... siempre hay quien dice: ¡Escóndete, que viene!». (No damos nombres).

Antes de poner rumbo a Madrid («¡Vamos al musical del Rey León!», cuenta uno de los viajeros) la clase de Juan se abre a unos días del adiós a primaria. «Son un grupo solidario, sensible a los problemas de diversidad, que es un tema que conoce bien y trabaja a fondo Juan», dice el director del cole, Pablo Rey. Juan, Juan Fernández, es, junto a Carmen, uno de los docentes con mejor prensa extraescolar del Juan Fernández Latorre.

Alumnos, ha llegado la hora del examen. ¡Esta vez puntuáis vosotros! Primera pregunta, para las exalumnas Claudia y Lorena: ¿Qué distingue a un buen profesor? «Que explique bien. Que sea comprensivo, es decir, que no te presione cuando estás mal o tienes un problema. Pero que no sea un guasón, que no pase de todo», dicen. Pregunta a los chicos de sexto: ¿Por qué sobresale Juan? Manos arriba. Y qué dulce el disparo. «Hace que las clases sean divertidas», apunta Nora. «Nos deja escuchar música en la actividad de escribir y en los exámenes», dice Anxo. «Si resuelves un enigma difícil (dos cursos de plazo) te premia con bombones o con una minifiesta», informa Joel. «Con él, hacemos trabajos muy chulos», dice Elena. Qué destaca Juan de sus chicos de sexto. «Son muy cariñosos, muy buena gente. Hay detrás un gran corazón. Son creativos y tienen un gran sentido de la curiosidad, que les va a ayudar mucho en el futuro».

Es majo. Le queréis, ¿no?, le pregunto sobre su tutor a una alumna (¿quién será?). «Sí... un poquito -dice con timidez y media sonrisa-, ¡pero no se lo digas!».

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«NOS GUSTA QUE SE PONGA EN NUESTRO LUGAR»

A medida que el reportaje avanza, nos vamos haciendo mayores. Pasamos de infantil a primaria, al instituto y aquí nos quedamos hasta el final, en el IES Blanco Amor de Ourense. En concreto, en la clase de lengua española, que da en primero y segundo de bachillerato Manuel Ruido. Él ha sido el elegido entre los alumnos que ahora abandonan el instituto como el profe más especial, el favorito, aquel al que echarán de menos y de quien se acordarán cuando inicien la nueva etapa que les espera. Mucho Ruido y más cariño. ¿Cómo se toma el maestro ese honor, que sus alumnos le miren así? «Lo tomo como algo muy positivo. No suelo tener problema con ellos y en general creo que nos llevamos bien... independientemente de que tengamos alguna vez algún roce», afirma Manuel Ruido con la verdad por delante, todavía sorprendido por la elección de los alumnos.

Cree, modestamente, que también puede influir que la materia que imparte sea una de esas asignaturas consideradas por los alumnos como una maría: «Ellos siempre tienen la expectativa de aprobar esta asignatura», asegura como restándose mérito.

PAUTAS CLARAS Y SENCILLAS

Para Manuel Ruido tratar a los alumnos como personas es lo más importante. La calidad humana rebasa las aulas pero crece a gusto en ellas. «Yo suelo marcar unas pautas muy sencillas desde el principio del curso y cuando ellos se adaptan a esas pautas, todo va muy bien. Hay que dejar siempre las cosas muy claras de lo que quieres y no quieres en el aula, no engañarlos nunca», subraya.

Paula Carballo e Inés Outomuro son dos de las alumnas que toman la palabra para «examinar» al profe de Lengua: «Nos gusta Manuel Ruido por la forma que tiene de explicar las clases, que son muy amenas. Pone muchos poemas y vídeos en el aula para que lo entendamos todo mejor. Es muy chistoso y anima mucho las clases, da gusto estar con él, la verdad». Tanto Paula como Inés terminan este año el bachillerato y echarán de menos no solo al profesor, dicen, sino al instituto, aunque afrontan con ilusión el cambio.

Lucía Rodríguez, otra de las alumnas de Manuel Ruido, apunta: «Es un profesor que nos ha dado durante la ESO y bachillerato y ha visto cómo hemos evolucionado. Nos conoce. Y hace que la literatura sea entretenida». Es cosa notable. Coincide con Lucía David Martínez, que añade que Manuel consigue que la asignatura te atrape.

María Fernández y Brais Caride son de Ciencias, aunque tienen que estudiar Lengua Española, por ser obligatoria. Aun así también, puestos a elegir, se deciden por Manuel Ruido. Valoran que, de alguna manera, él representa a todos los profesores que han tenido en el ciclo. «Es uno de los mejores profesores de Literatura que tenemos en el instituto, explica muy bien los textos y nos gusta que se ponga en nuestro lugar», afirman. Eso se agradece en cualquier materia, lugar, momento y circunstancia. Matrícula para todos esos profes que nos enseñan a saber. Y a crecer.

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