Álvaro Morte: «Si cometiese un atraco, yo también lo planearía así»

Dice que a veces es tan frío como el Profesor, el calculador líder de la banda de atracadores de «La casa de Papel». Como él, también pasó por una enfermedad grave. ¿La secuela? «Ahora no hay prácticamente nada que me dé miedo», asegura.

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10/06/2017 05:10 h

Del médico bonachón y enamorado de El Secreto de Puente Viejo al manipulador líder de la banda de atracadores de La Casa de Papel. Así ha sido el salto de Álvaro Morte, que está acostumbrado a lanzarse sin red. En su día ya dejó Telecomunicaciones para hacer Arte Dramático, y le salió bien. «Soy de ciencias purísimas, así que soy muy meticuloso, como el personaje. Mis amigos me dicen: ‘Pero bueno, este profesor parece que eres tú’». Ya avanzo que no. Él es más riquiño.

-A ver, ¡que nos tienes en vilo!

-¡Qué bien! Qué bien escuchar eso.

-¿En algún momento podrías tener esa cabeza tan fría que tiene el Profesor?

-Pues mira, no tanto, porque lo del Profesor es exagerado, pero sí que te podría decir que yo empecé a estudiar Telecomunicaciones, yo vengo de ciencias purísimas, entonces sí que es verdad que a la hora de enfrentarme a los papeles lo hago de una forma muy meticulosa y muy concienzuda. Imagino que en ese punto sí que conecto con el Profesor.

-Pero en la vida supongo que eres más cálido que frío, ¿no?

-Bueno... Yo creo que cada momento requiere que estés de una manera, y lo inteligente creo que es saber adaptarse a cada situación. Sí que es verdad que en mi vida personal hay muchos amigos que me dicen: «Pero bueno, este profesor parece que eres tú, macho». Porque yo soy un enfermo de trabajar las cosas mucho, cuando entro en algún proyecto, hasta que no está todo perfectamente bien y en su sitio, no paro. Me pasaba ya de estudiante, por ejemplo, cuando me ponía a preparar un examen o estaba seguro de que iba a sacar un sobresaliente o no me presentaba, era una cosa... Tenía que ser así, prefería dejar pasar una convocatoria y que cuando me presentase al examen fuese para sacar el máximo.

-O sea, que si preparases un atraco, lo prepararías así.

-¡Por supuesto! No sé hasta qué punto, porque lo del Profesor es muy fuerte, pero sí. Habría que ponerse mucho las pilas.

-Ya empezamos a saber algo del personaje, como que pasó su infancia ingresado en un hospital. ¿Llegaremos a entenderle?

-Sí, sí, tenemos la enorme suerte de que una persona como Álex Pina esté detrás de todo esto, que es el creador de la serie y el coordinador de guion y demás. Es un tipo que él sí que es el profesor, él sí que lo tiene todo pensado en su cabeza, y a nosotros nos va soltando la información a cuentagotas. Pero la vida del Profesor ha sido muy dura, y yo creo que demasiado bien está su cabeza para todo lo que le ha pasado.

-Tú también has pasado por una enfermedad, y ahora nadie es capaz de quitarte el buen humor.

-Yo en la vida siempre he sido bastante optimista y alegre, pero sí que es verdad que cuando te pones delante de algo tan serio y eres consciente de que la vida te está dando una segunda oportunidad, no tienes más remedio que valorar día a día el hecho de que simplemente amanezca. Muchas veces estamos muy estresados con el trabajo, muy ocupados con cuarenta historias, pero si no sabemos ver las pequeñas cosas que nos rodean estamos perdidos. Sí que es verdad que he pasado por una enfermedad bastante grave, pero hay que salir. Estoy muy agradecido de haber pasado por ella, creo que fue un aprendizaje brutal. Dudo mucho que vaya a tener la crisis de los 40 gracias a todo esto, ja, ja. Te centra, aprendes lo que es importante y lo que no. Afortunadamente, hoy por hoy puedo decir que prácticamente no hay nada que me preocupe de verdad, que me dé miedo.

-¿Y tú qué harías si te saliese bien el golpe?

-No quiero dármelas de guay, pero procuro ser muy consciente de que mi vida está siendo maravillosa, lo tengo todo bien atadito, no tengo problemas de salud alrededor importantes. Así que me gusta darme cuenta de lo afortunadísimo que soy en estos momentos, pero por eso no se me olvida que hay mucha gente que lo está pasando mal. No te voy a mentir, me quedaría con un pellizquito, porque somos humanos, pero la mayor parte de ese dinero lo emplearía en ayudar a gente. A mí me toca mucho el tema de los refugiados, creo que por mucho que hiciésemos jamás haríamos lo suficiente, y mandaría casi todo el dinero para que estén mejor.

-Esto supuso un salto tremendo. Del amor en «El secreto de Puente Viejo» a semejante «thriller»...

-Me generaba vértigo por varias cosas, primero porque fue un salto al prime time y, segundo, porque de repente te enfrentas a un proyecto que ya de entrada, desde la misma prueba, desde el cásting, vi que estaba tan bien escrito, que tenía tantas posibilidades y con el equipo de Vis a vis detrás... Sabía que iba a ser un pelotazo. El querer estar a la altura y no fallar, eso da mucho vértigo. Pero debo decir que estoy contentísimo, y lo digo con la mayor humildad, porque las críticas que estoy recibiendo del personaje y de la serie son muy buenas. Pasar de Puente Viejo al prime time es un escalón no que sube, pero que está en otra escalera.

-¿Te paran más ahora por la calle?

-Todavía estoy en ese punto de tierra de nadie, todavía hay mucha gente que me sigue conociendo por Puente Viejo y ahora ya hay otra que me empieza a conocer por el profesor. Además el personaje allí era muy querido, muy blanco, no tenía doble fondo. Era el médico del pueblo que curaba a todo el mundo.

-Y mira ahora...

-Sí, ahora sin embargo hago un personaje que me maravilla. Es un personaje que yo personalmente no había visto antes. A la hora de construirlo investigamos en muchísimos sitios, porque no había un referente previo, había referentes de jefes de banda, pero con mucho carisma. Y creo que el profesor tiene mucho carisma y mucho encanto, me iría de la mano con él adonde me dijera. Pero era difícil hacer eso de que sin ir de nada ni hacer nada, tuviese la capacidad de que toda la banda se fuese con él y confiasen a ciegas en lo que dice.

-¿Tus mellizos te ven ya en la tele?

-Me ven, pero no asimilan porque tienen dos años y medio. Me miran en la tele y alucinan, porque me ven también en el sofá al mismo tiempo. Miran como diciendo: «¿Cómo puede ser que estés en los dos sitios a la vez?», ja, ja.

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