«Puedo parecer clásico, pero de cabeza para nada lo soy»

Está a punto de mover ficha para hacer la jugada de su vida en el plano laboral. En el tablero personal, intenta ser feliz, se imagina con hijos, y se define como una persona muy analítica. «Me llevo más por la cabeza, pero el corazón tiene mucho peso».

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06/05/2017 06:20 h

Con la tranquilidad con la que habla no es de extrañar que Marc Clotet (Barcelona, 1980) sea de esas personas que se piensa las cosas dos veces antes de hacerlas. Lo que ha hecho, asegura, es el papel más importante de su vida, interpretando a Diego Padilla en El jugador de ajedrez, donde da vida una vez más a un personaje de época. Dice, entre risas, que tiene cara de clásico.

-¿Tu papel más importante?

-Sí, a nivel de protagonismo es la ocasión en que más importancia tiene. La historia de El jugador de ajedrez se cuenta a través de Diego Padilla, mi personaje.

-Dices que podrías haber sido Diego Padilla, ¿no te importaría haber vivido en esa época?

-No, no lo digo en el sentido de haber vivido en esa época. Lo digo en el sentido de que cuenta la historia de una persona que quiere ser feliz, que quiere tener una familia, que tiene sueños, y que de la noche a la mañana su vida se ve truncada por una guerra, o por dos. A mí me pasó que cuando empecé a leer el guion, me di cuenta de que había muchos paralelismos con mi vida, yo también tengo sueños, me considero muy analítico, pienso mucho lo que voy a hacer, los pros y los contras que tiene cada cosa; aunque por suerte no he tenido que vivir nada que me haya cambiado mi vida de forma negativa. De todo aprendes, de todo te curtes, pero nada así...

-Dices que todo lo analizas, ¿te llevas más por la cabeza que por el corazón?

-Creo que sí, el corazón tiene mucho peso, pero si tuviese que definirme, lo haría como un ser racional, también emocional, depende del momento, pero sí que pienso cada uno de mis actos, las puertas que se abren y que se cierran a la hora de tomar una decisión.

-¿Nunca te dejas ir?

-Sí, hay veces que la irracionalidad actúa, somos animales en el fondo, pero hay gente que se lleva más por el impulso como primera reacción, y yo siempre por educación, por cómo me han criado, creo que las cosas hay que pensarlas dos veces antes de hacerlas.

-Encajas muy bien en esos papeles de época, ¿igual porque ya llegas al cásting metido en el personaje?

-Ojalá siempre sea así, a mí me gusta ir a los cástings con ropa de época, uno porque me ayuda a mí mucho más a estar en el papel y a interpretar, y dos porque se lo facilitas al director y puedes tener una ventaja competitiva con otra gente que vaya en camiseta o vaqueros cuando hay que interpretar otra cosa. Él lo que quiere ver es el personaje que tiene en mente.

-¿Te ven cara de clásico?

-Algo debo de tener, así los rasgos, y viendo fotos de mi abuelo, tío abuelo, me parezco un poco a ellos... Así que algo habrá.

-Eso en lo físico y, ¿de cabeza?

-No, de cabeza no, para nada. Hay muchos clásicos, pero con el significado de lo que estrictamente entendemos por clásico, no me considero. De pensamiento, soy mucho más moderno.

-Tuviste que adelgazar 10 kilos, ¿ya te has recuperado?

-Ya me he recuperado, ya acabó el sufrimiento, aunque en el fondo es placentero, es duro pero sabes que es por una razón y te vuelcas al cien por cien porque tiene un final.

-¿Es más fácil engordar que adelgazar?

-En mi caso es más fácil adelgazar que engordar, me cuesta coger peso. De momento por trabajo no me ha tocado engordar, pero si mereciera la pena el proyecto, lo haría encantado.

-Nunca hay que darse por vencido... ¿Lo compartes?

-Cien por cien. Nunca hay que darse por vencido y nunca hay que dejar de querer, en el sentido más amplio de la palabra. Si uno no quiere, no tiene amor por la pareja, por una hija o por la vida, es como una llama que se queda sin oxígeno, que termina apagándose. Creo que es algo inherente a la condición humana, siempre queremos sobrevivir. Yo como persona me considero alguien muy positivo, que siempre intento aprender de los errores, de las cosas malas que nos pasan, porque creo que nos hace más fuerte para futuras situaciones.

-¿Con qué sueña Marc?

-Con intentar ser feliz. Hay muchas maneras de serlo, una familia puede serlo, pero también puede acabar siendo la peor pesadilla que uno puede tener. Yo creo que lo importante es que en tu día a día seas mejor con la gente que te rodea, y si eso pasa puede ser con familia, amigos o con quien sea. Me imagino en un futuro teniendo hijos, me gustaría, pero llegan cuando tienen que llegar, sin prisa.

-¿No tuviste claro desde siempre que querías dedicarte a la interpretación?

-Siempre me había gustado, de hecho, hice algún programa o alguna serie siendo adolescente, aunque lo consideraba como un hobby, pero luego me salió la publicidad y el márketing, me puse a estudiar la carrera, empecé a trabajar y acabé compaginando las dos cosas. Hasta los 27 años no me planteo cuál es mi verdadera vocación, es cuando me doy cuenta de que cuando soy feliz es al salir del trabajo para ir a clase de interpretación, estar ahí me evadía, y me atrae la magia de actuar.

-¿Alguna vez te han hecho un jaque mate?

-No. Metafóricamente no, jugando sí. Para mí jaque mate es cuando dejas de estar en este mundo [risas].

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