Aquí se pincha bien

BOCADOS QUE SABEN A GLORIA Un pincho entra siempre bien, y más si está hecho con cariño. Vamos a esos locales en los que nunca falta algo que llevarse a la boca. Frío o caliente, clásico o de diseño. El picoteo, por si había alguna duda, sigue triunfando.

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06/05/2017 17:05 h

Una caña, un vino y un pincho. Eso es todo lo que se necesita cuando uno baja con tranquilidad o en pandilla. Cuántas reuniones de amigos empiezan con un: «¿Vamos a picar algo?». Y de eso, por aquí, sabemos un poco. Más allá de la liturgia del plato, tenemos cultura de picoteo para rato. Quién no ha comido de pie en alguno de esos locales en los que no cabe un alfiler, pero sí muchos palillos atravesando una barra repleta de pinchos. Con mono de probar alguno, hemos decidido hacer una nueva ruta YES por esos templos del buen pincho, y nos hemos encontrado de todo. Pinchos de diseño, pintxos así, con x, pinchos de toda la vida y hasta algunos con cuchara. Si aún no tienes plan para esta noche, aquí va una ración de ideas que empieza por Ourense.

«MICROPLATOS» EN OURENSE

Este local ganó el concurso de pinchos organizado por el Concello de Ourense la primavera pasada. Y este se presenta de nuevo con otra propuesta novedosa, en la que el atún rojo es el protagonista. Es el restaurante Sanmiguel. Un clásico ourensano que se ha reinventado para añadir a su restaurante y zona de eventos, un gastrobar. En este espacio, el local ofrece a los comensales pinchos que definen como «microplatos», que no exceden de los cuatro euros de precio. El chef Miguel Gómez explica que el Sanmiguel ha querido así unirse a la ruta de pinchos de la zona de vinos de la capital ourensana, ofreciendo propuestas únicas y diferentes, pero acordes a cualquier bolsillo. En su carta de pinchos aparecen Gyozas de choco, wakame y erizo en sopa misho, Tocino con su taco de panceta, Atún rojo con fresas, San Simón, sésamo y cebolleta glaseada, Canelón de langostino y setas, con bechamel de trufa blanca con parmiggiano o Foie a la plancha con manzana asada, oporto y yogur. Pero también tienen un espacio para los clásicos como las croquetas caseras, empanada o pulpo á feira con cachelos. De forma paralela, presentan una carta con mariscos: navajas, ostras, berberechos al vapor o mejillones a la sartén son solo algunas de las propuestas del mar. Cierra su amplia carta con postres caseros, para degustar también en el gastrobar. El comensal puede terminar con una torrija caramelizada y flambeada con helado de vainilla, un gin tonic en plato o la cada vez más preciada tarta de la abuela. «La idea es que el Sanmiguel sea ahora un local más de la ruta habitual de los pinchos ourensanos. Que la gente pueda probar los mismos platos de la carta del menú, pero en raciones pequeñas y a un precio asequible para todos los bolsillos», destaca Miguel Gómez. La carta de pinchos varía según la época del año, ya que desde este local procuran utilizar los productos de temporada para confeccionar sus platos. También ofrecen una carta de vinos especial para maridar con los pinchos. Poco a poco se van haciendo un hueco en la completa propuesta culinaria de la zona vieja de la ciudad de As Burgas.

CUANDO LLEGA EL APERITIVO

Coja un trozo de pollo y otro de beicon y hágalos a la plancha. Luego píquelos muy finitos, y échele manzana y cebolla, también muy picaditas. Mézclelo con mayonesa, unte con ello una rodaja de pan y adórnela con un trozo de chistorra en el centro. A continuación, métala en el horno entre ocho y diez minutos para que el crujiente haga contraste con el dulzor tierno de la manzana.

¿Cuánto pagaría por ello ahora mismo? ¿Y por una tosta de bacalao al pil pil casero sobre una cama de puré o de láminas de patatas? Por 1,40 euros se lo sirven acompañado, por ejemplo, de un corto, en la Casa da Oliva, en la céntrica calle pontevedresa de A Oliva. Usted solo paga la bebida, el pincho corre por cuenta de su dueño. José Osorio se queja de que no lo tuvo fácil cuando llegó a Pontevedra, hace cuatro años y medio. Estaba acostumbrado al éxito incuestionable de Il Tartufo, el restaurante italiano que regentó durante dieciocho años en Vigo, y en la ciudad del Lérez nadie lo conocía. Además, el local, a pesar de estar en el corazón de la Boa Vila, se encuentra en una calle de tránsito, no de tapeo. Al menos hasta que llegan las 12.30 horas de cualquier día laborable.

Es entonces cuando, tanto trabajadores de oficinas próximas como señoras de las que tanto gustan en las ciudades pequeñas deciden afrontar el día con un buen aperitivo, y así se van dando cita en el moderno establecimiento de A Oliva. Las paredes de piedra de su planta baja esconden algunos de los 

tesoros más preciados a medida que se acerca la hora de comer, y el vecino despistado que cae en ellas para refrescarse de la manera que mejor considere se encuentra con una minihamburguesa de ternera y cerdo, un pequeño pan pizza, una tosta de pimiento con un huevo frito en el centro, una empanadilla casera (aunque para eso tiene que tener más suerte, ya que el trabajo que da lleva a José a reservarlo para ocasiones especiales), o una ración de su famosa tortilla de pimiento verde.

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Tienen que hacer cada día entre cinco y seis ejemplares solo para poner de aperitivo a los clientes, a las que luego suman las que se sirven a demanda. Ese trabajo le toca a José Manuel Fernández, la mano derecha de Osorio en la cocina. Llevan veinte años trabajando juntos, y desde entonces se han propuesto conquistar estómagos allá donde van. Ahora es el turno de Pontevedra, y si para seguir ganando fieles adeptos tiene que dedicarle cada mañana más de dos horas solo a elaborar los pinchos, por él no será.

 PINTXOS EN FERROL

En el local que visitamos en Ferrol no hacen pinchos, sino pintxos. D-Pintxos se llama este templo del pequeño bocado, que abrió hace solo dos meses y en el que no paran de variar sus creaciones. Por supuesto, se inspiraron en el País Vasco. «Es el concepto de pintxo vasco, porque aquí en Ferrol no hay ningún otro local de estas características, y por lo que viajamos y vemos por ahí suele gustarle mucho a la gente», señala Miriam Martínez, que sale en la foto junto al otro propietario, Daniel Montero. Ambos cambian los pintxos cada día: «Los variamos constantemente y solo dejamos algunos fijos como la tortilla, aunque cuando la hacemos rellena también vamos variando su composición por dentro», señalan. ¿Que cuáles son los pinchos más solicitados? Pues, a pesar del poco tiempo que llevan abiertos al público, dicen que ya tienen unos cuantos best sellers, tanto fríos como calientes.

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«Piden mucho el de queso de cabra con tomate confitado, el de pulpo con queso de Arzúa, el de salmón con huevo mimosa y langostino, el de jamón y salmón con gulas, el de cecina con foie...», dice Miriam, que nos avisa de que no perdamos la oportunidad de probar también sus bocatinas y montaditos. «Los tenemos de huevo, rellenos, con jamón y tomate, surimi o bacon y queso, por ejemplo», dice la chica, que añade que, a mayores, «tenemos carta a diario para comer de plato, si se prefiere». Pero lo que verdaderamente distingue a este local son, sin ninguna duda, los pintxos.

Para Miriam esta es la primera vez que se embarca en un proyecto de este tipo, pero para Daniel no. «Él ya tiene otro local, pero es más restaurante», dice su compañera de fatigas, que asegura que se tiran en D-Pintxos todo el día, desde la mañana hasta la cena. «Ya abrimos a las 8 de la mañana para estar listos para dar los desayunos», indica.

Porque el pintxo entra bien a cualquier hora del día, y esa es una de las claves de su éxito. Bueno, y también el precio, claro. «Tienen un precio de entre 1,50 y 2 euros por unidad», señalan los dueños. Teniendo en cuenta el coste y las dimensiones de cada uno con dos o tres cualquiera va cenado, y en modo low cost. Independientemente de la hora a la que nos dejemos caer por allí, si nos apetece, habrá un pintxo caliente esperándonos. «Tenemos un horno para calentarlos al momento», indica Miriam, que no esconde su ilusión al hablar de un local nuevo y que, aún encima, ha arrancado funcionando. Que no es poco.

 LUGO, CONTUNDENTE

Un establecimiento hostelero muy atractivo a la vista y estupendo para tapear es el Petisco. Se encuentra en la céntrica calle Rúa Nova, en Lugo, y abrió sus puertas con nuevos propietarios el pasado mes de enero.

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La decoración es uno de los atractivos del local, con grandes barriles de cerveza en la parte superior y una configuración de mesas y mostrador. Esta estructura le da un estilo tradicional, pero consigue romper con los tonos de pintura y la iluminación, que lo hacen actual. La atmósfera está pensada para picotear, que es a lo que vamos. Allí podremos hablar tranquilamente, sin agobios ni un ambiente sobrecargado.

La gran cantidad de personas que eligen este establecimiento para disfrutar de su tiempo libre da una idea de que funciona, y mucho. «Todos los miércoles nos reunimos al salir de trabajar para hablar de cómo va la semana y de nuestras cosas privadas. Tomamos unas cañas y de paso ya cenamos. Ofrecen una gran variedad de pinchos y tapas, todo muy elaborado y contundente», relata Isabel, que elige un bocado de paella para acompañar su cerveza. «Desde champiñones, salpicón de marisco, almejas a la marinera, raxo... Pero todo bien preparado y en cantidad. Esto es un auténtico manjar y que no ves en otros locales de Galicia», opina Bea, que se encuentra en la misma mesa que Isabel. Por su parte Lupe, la tercera de las amigas, considera que es un local muy dado a cualquier tipo de quedada. «Tanto puedes venir a tomar unas cañas y picar, como tomar un vino y comer o cenar. Es un sitio que se adapta a todo tipo de iniciativas», opina.

Y es que además de poder picar, tomar unas cañas, unos vinos o incluso una copa, este local hostelero también sirve la comida en plato. Un buen número de camareros son los encargados de atender y cuidar a la clientela, quizás otro de los secretos de su éxito. Ya avisamos antes de empezar este recorrido. Si tu misión este fin de semana es ir a tomar algo, tienes dónde elegir. Y, si además tienes tiempo, siempre te quedará ir de pincho en pincho hasta acabar nuestra ruta YES.

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