Esta casa es un zoo

¿QUIÉN DIJO que los mejores compañeros de piso caminan sobre dos patas? Nuria Villaverde comparte hogar con nada menos que siete perros (dos en acogida), una gata, un hurón y cuatro peces. Además de con su pareja Jonathan, claro. «¡No podría vivir sin ellos!», asegura.

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01/04/2017 05:30 h

Los animales siempre han estado presentes en la vida de Nuria Villaverde, una coruñesa de 22 años que no recuerda su casa sin amigos de cuatro patas ocupando los sofás. «Siempre he vivido rodeada de ellos», recuerda. Actualmente comparte hogar con su novio, Jonathan, y con trece habitantes que, asegura, «ya son de la familia». Hablamos de Lola, Tarzán, Peter, Chitín, Canela, Lorenzo y Melón, siete perros (dos de ellos los tienen en acogida) que llenan sus días de juego, cariño y ternura. Pero también tiene a su gata, Nala, y a su hurón, Muesli, además de cuatro peces. «Al final, te acabas acostumbrando a vivir con ellos y es la cosa más normal del mundo», cuenta. Lejos de arrepentirse, confiesa que, si pudiera, aumentaría la familia. «¡Si tuviéramos una casa de campo, tendríamos todavía más!».

Como es lógico, la gata, el hurón y los peces no necesitan ser paseados, pero sí los siete canes. Y la escena se convierte en todo un espectáculo. «Cuando voy por la calle, a mí se me ve de lejos», dice. Y es que, siempre que puede, la pareja intenta sacar a los siete juntos de paseo. Cuando no es así, hacen turnos. «A veces, la gente nos para para hacernos fotos o nos miran raro desde los coches», asegura Nuria sin ocultar lo mucho que le divierte la situación. Porque, a pesar de su corta edad, ya está más que acostumbrada a que su devoción por los animales llame la atención de los demás. Dentro de poco serán dieciséis en casa -que se dice pronto- , ya que Nuria y Jonathan están a punto de tener a su primer hijo. Como le pasó a ella, el pequeño crecerá en un entorno muy especial. «¡Qué remedio le queda! Va a ser todo un Mowgli, rodeado de animales todo el día», imagina, encantada, la futura mamá.

Su amor por los «peludos», como suele llamar a los perros de forma cariñosa, empezó de la mano de su madre, animalista como ella. «Íbamos a la perrera de Carballo a sacarlos de paseo e intentar que no los sacrificasen. Al principio tuvimos uno, pero después encontramos dos, luego otra parió ocho más... y ahí decidimos montar una protectora». Esa protectora es hoy SOS Pelines, en A Coruña, donde Nuria trabaja como peluquera canina. Un lugar que su familia de cuatro patas conoce muy bien.

JUNTOS AL TRABAJO

La relación entre Nuria y sus peludos no se limita a la casa, la calle, la playa o el parque. Su oficio le permite llevárselos al lugar de trabajo, y ella explota al máximo esa ventaja. «Están conmigo todo el día: cuando yo estoy trabajando, ellos están trabajando. ¡Son perros trabajadores! (ríe). Y, cuando vuelvo a casa, lo mismo», explica. Es plenamente consciente de la responsabilidad que conlleva cuidar de tantos animales a la vez. En el caso de los perros, advierte que hay que «tener tiempo para sacarlos, porque hay que cansarlos». Por lo demás, asegura que «en casa no se mueven, solo juegan». No quiere desaprovechar la ocasión para mencionar la difícil situación por la que atraviesan las protectoras de animales, de la cual la suya tampoco se libra. «Esta temporada nos están devolviendo perros adoptados porque no pueden cuidarlos y los tenemos que volver a dar. O no saben lo que implica tener un perro o no lo entiendo», lamenta.

Después de un duro día de trabajo, Nuria regresa a casa con Tarzán, un boxer blanco sordo, «pero muy listo», apunta; con Lola, blanca y negra, la primera que tuvo; con su podenco Melón, con Peter, con Canela... «Van cinco, ¿no?», pregunta. Porque hasta la dueña pierde a veces la cuenta de sus peludos. Lorenzo (o Jorge Lorenzo), un cruce de yorkshire, llegó a su vida cuando fue diagnosticado de un problema en el hígado. «Nos dijeron que iba a durar dos días y, para que no tuviera que andar cambiando de casa, nos lo quedamos nosotros... ¡Y ya lleva 4 meses! El veterinario alucina», señala. Su hurón Muesli, de casi seis años, también necesita tomar una medicación para el corazón. Ante la pregunta de si le compensa todo el esfuerzo y dedicación que requieren sus mascotas, Nuria entona un «sí» rotundo. «Son como mis hijos. Los tuve en acogida, les cogí cariño y ya me los tuve que quedar. Una vez que los tienes, te encariñas y les pagas todo lo que haga falta», asegura. «Ya son parte de la familia. Te dan tanto cariño...», añade sin encontrar palabras para describir lo que significan para ella. ¿Podría vivir alguna vez sin animales? La respuesta a esa pregunta también la tiene más que clara. «Nunca pude vivir sin ellos, así que ahora tampoco. No, definitivamente no podría».

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