Guau, he encontrado a mi hermana

Se encontraron, echaron a correr una hacia la otra y ya no se despegaron. A las dueñas les sorprendió tanto su reacción que empezaron a charlar, tiraron de la correa y descubrieron que «Hada» y «Lola», sus perras, eran hermanas. Las habían separado al nacer

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10/10/2016 12:13 h

La película de Disney, Tú a Londres y yo a California (Nancy Meyers, 1998), que hizo popular a Lindsay Lohan recuperaba un clásico de la literatura infantil Lottie y Lisa, donde dos gemelas son separadas por sus padres al poco de nacer tras su divorcio. Años más tarde se encuentran y adivinan el enredo. Esta historia tantas veces adaptada puede añadir una última versión. La de Hada y Lola con el nombre de sus dueñas: Tú con Mayra, yo con María. ¿La novedad? Las protagonistas no son humanas, sino dos perritas de A Coruña. Cuando se vieron, el flechazo fue instantáneo. «Estábamos paseando por la playa, en el Orzán. De repente veo que Hada empieza a correr como una loca hacia otra perra. ¡Estaba tan contenta! Me extrañó su reacción. Tenía reciente una mordedura que le había hecho un perro en la calle y no se acercaba a ninguno para jugar. Con Lola fue distinto», recuerda Mayra Moreno, la madre adoptiva de Hada. Un cruce de 18 meses de la que se enamoró cuando la vio en Apadan, la protectora de Culleredo, siendo un cachorro. «Lo primero que pensé fue que tal vez coincidiera alguna vez con Lola en el parque o dando un paseo», añade Mayra. 

Cinco meses separadas

Pero la conexión iba más allá. «Estas perras son familia», le dijo la dueña de Lola. «Nos fijamos y nos dimos cuenta de que a pesar de tener colores diferentes se parecían mucho. Le pregunté por el tiempo que tenía Lola y era justo de la misma edad que Hada. Y a Lola María también la había adoptado en Apadan, con apenas una semana de diferencia que yo a Hada», cuenta Mayra. Ataron cabos y decidieron enviar a la protectora una foto de los dos canes. Entonces fue cuando llegó la confirmación. Ambas eran hermanas de la misma camada. «Habían pasado unos cinco meses separadas y estoy segura de que se reconocieron aquel día en la playa. En la protectora nos contaron que cuando no pasa mucho tiempo de la separación esta identificación mutua es posible, sobre todo entre las madres y las crías», apunta Mayra.

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 Ahora siente que ya no es responsable de lo que le suceda a Hada, sino también a Lola. «He ganado otra perra, ¡y también una amiga!», confiesa. «Las salidas para sacarlas de casa son ahora mucho más agradables», coincide María. Ha pasado más de medio año del primer encuentro y ahora todas las tardes, al salir ambas de trabajar, quedan para pasear a Hada y a Lola. Incluso se reparten el cuidado de sus mascotas cuando una se ausenta unos días de A Coruña. «¡Por la zona nos conocen como las dueñas de las hermanitas!», exclama Mayra. «Conectaron de tal forma que decidimos que tenían que crecer juntas. Es increíble pero, si un día Lola no puede venir, Hada se queda esperándola, sentada, mirando al camino por el que siempre llega su hermana. Aunque haya jugado con otros perros, ese día vuelve triste a casa, ¡incluso llora!», subraya la dueña de Hada. El cariño que une a ambas perras todavía la conmueve. «Nosotras también hemos congeniado», dice Mayra, esta vez sobre ella y María. «Verlas jugar como locas, con tanto entusiasmo, es emocionante. Ambas salieron de una perrera y ha sido una suerte que puedan estar juntas otra vez. Ahora están muy pendientes una de la otra. ¡Se esperan! Me entero de cuando Mayra y Hada vienen a por nosotras porque Lola está pendiente en el balcón. Puede resultar extraño creerlo si no las ves, pero tienen una relación muy bonita que hasta ahora creía que no era posible entre animales. Es una historia curiosa, supongo que habrá más casos, pero desde luego nunca me pasó algo así con otros perros que tuve, y es una alegría», explica María. Gracias a Lola, Hada pudo superar su miedo a los canes a raíz del episodio de su mordedura. Son inseparables. Van juntas de paseo e incluso al veterinario. El destino les ha reservado una segunda oportunidad que no quieren desperdiciar.

El instinto animal es tan fuerte que estas dos perras, mezcla de grifón y podenco andaluz, no pueden vivir una sin la otra. Por eso si una de sus dueñas se va de vacaciones se encarga de que ese vínculo siga siendo muy estrecho. «Yo -dice Mayra- me voy a ir unos días, y ya he quedado con una amiga de María para que la cuide, de esta manera seguirán viéndose como es su costumbre». Hada y Lola son las dos unas revoltosas, y ninguna «puede» más en la relación. Se buscan, se quieren y se esperan con desesperación. «A veces estamos en el parque y yo sé que María no va a venir y me da muchísima ternura ver a Hada, no se mueve, ni quiere jugar con nada. Al final termino hablándole y explicándole para que me entienda: ‘Hoy Lola no va a venir’».

Su vínculo a partir de ahora será eterno, pero tanto María como Mayra saben que sus dos perras tienen más hermanos. «Tenemos conocimiento de que su madre parió más cachorros, unos seis o siete. La única información que tenemos es que Hada antes se llamaba Lisi, y Lola, Urra, pero nada más».

¿Os gustaría reencontraros con esa otra parte de su familia? «Bueno, si a partir de este reportaje supiéramos algo más, por supuesto que sería genial. Pero por lo menos estamos contentas de que ellas se tengan una a la otra y se quieran tanto. No sabes cómo lloran cuando se despiden», concluye Mayra. Esta sí es una historia de amor.

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