María Teresa Campos: «Soy más moderna que muchos»

Está en un tiempo feliz, tanto que su objetivo a los 75 años es «divertirse» lo máximo posible. Por eso ha aceptado «desnudarse» ante el público asumiendo el riesgo de que le den por todas partes. «Yo ya he entrevistado a muchos premios Nobel», sentencia.


A los dos segundos de conocerla le quitas para siempre el María y te quedas con Teresa. Con la persona cercana que está de vuelta y que prefiere la parte agradable de la vida. El tiempo feliz de disfrutar, de reírse, sobre todo reírse, y de mostrarse al natural, con mucho más acento andaluz y ni una gota del maquillaje de la impostura. No quiere parecer otra que no es, ni va de diva mediática, pese al revuelo que está generando por el reality que ha empezado con su hija Terelu. A los 75 años apunta que la crítica que más le duele es la de la gente que habla sin verla ni conocerla, pero está acostumbrada a que le den porque «todo lo que vale cuesta». Jamás ha echado a nadie de su equipo y es fiel hasta el extremo a su gente: «Tengo la suerte de que mis amigos, mis compañeros, son unos números uno». ¿Haces todo con «dos tacones»?, le preguntamos. «No, no. Creo que sé dirigir, pero soy muy bien mandá». Eso sí, confiesa que siempre le ha perdido la boca: no por comer, sino porque uno de los mayores lujos de la vida es decir lo que se piensa en cada momento. «He sido muy bocazas», concluye.

-A estas alturas de tu carrera te lanzas a un reality. ¿Es valentía?

-No te creas, es ideal, es lo más cómodo, no tengo ni que salir de casa [risas]. Y si es en la cama, todavía mejor.

-Entonces no te da pudor que te veamos en camisón, sin maquillar...

-No, pero eso ya te digo que no va a pasar. Sin maquillar puede ser, en camisón ni de broma.

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-¿Estás preparada para la que te viene? Jorge Javier ha dicho que os van a dar mucha caña.

-Jorge Javier es Jorge Javier, lo queremos mucho, pero él es así. Él sabe porque lo ha sufrido en sus carnes que como presentador es al que más hostias le han dado. Él sabe lo suyo y cree que ahora también nos van a dar a nosotras. Pues las aceptaremos porque va en el precio. Y todo lo que vale cuesta.

-¿Pero tú tenías necesidad de hacer esto? ¿O te pone que hablen?

-Yo no busco nada. A mí me lo ponen delante personas que realmente hacen cosas en televisión, cuando me lo propusieron me pareció una cosa divertida, y yo a estas alturas ya estoy para divertirme. Y si además, le gusta a la gente, pues mejor. Si no yo sigo con mi tiempo tan feliz y ya está [risas]. Cuando tienes una edad te van pasando cosas y pierdes amigos, familia, pero todavía hay que pensar que hay gente que le pasan cosas no de mayor, sino de joven. He perdido a hermanos, sobre todo a mi hermana Araceli, que era la pequeña, y eso en mi cabeza todavía no cabe.

-Siempre has sido muy de clan, de arropar.

-Date cuenta de que cuando nació la hermana que me queda yo tenía 12 años. Y con Araceli me llevaba 16, siempre fue el bebé de la casa.

-¿Has sido muy luchadora?

-Sí, y luego yo con mi hermana he tenido mucho que ver. Hemos sido hermanas muy unidas, y con Araceli como era actriz, era profesora de música, era sobre todo una artista y yo tenía mucho que ver. Y yo iba a Málaga y estaba con mis hermanas siempre. Ahora me queda mi hermana Concha que seguramente tenía la cercanía con ella y eso es mucho peor. Yo como estoy en Madrid quiero pensar que no ha pasado. Lo peor es cuando voy a Málaga.

-Tienes fama de ser muy exigente trabajando. Que le pides a tu gente todo y más. Yo no sé si al final se hace siempre lo que tú quieres.

-No, no. Yo durante muchos años de mi vida he sido la que tomaba las decisiones. Y eso no quita que yo no haya tenido gente en la que haya confiado muchísimo y que haya aportado muchísimas cosas. Yo he trabajado con gente muy joven que han aprendido de mí y yo de ellos. Y ahora no soy la directora del programa, estoy para aportar lo que quieran.

-A tu alrededor, en tu día a día, ¿tampoco marcas tú el camino?

-No.

-Bueno, yo lo que quería saber es si lo haces todo «con dos tacones».

-No, yo creo que sé dirigir, pero creo que también soy muy bien mandá.

-Yo creo que si de repente Edmundo y tú os casáis, la boda de Lolita quedaría en nada. Terelu saldría al balcón en plan: «¡Mi madre no se casa!».

- Qué arte [risas].

-¿Va a llegar ese momento?

-No, no... Porque no se van a dar esas circunstancias. Yo creo que antes lo de casarse era cuestión religiosa, por formar una familia, y nosotros ya tenemos la familia formada. Ahora estamos solos, no necesitamos más. Y si decimos que nos casamos pensarían: «Estos lo hacen por la exclusiva». [Risas]

-¡O estos ahora quieren otro reality! [Risas] ¿Alguna vez has querido tirar la toalla? ¿Eres tenaz?

-Yo tengo mucha conciencia de lo que puedo abarcar. Ahora hago un programa de fin de semana, hago dos programas de fin de semana. Y esto que me han propuesto me ha parecido gracioso, novedoso, lo hicimos como dos pilotos, y por eso recomiendo que se vean los dos programas, porque son complementarios, y bueno, ha generado mucho interés. Pero hay que esperar a ver si gustan.

-¿Estás preparada para la crítica?

-Va en el precio, y más en un programa como este. Lo que pasa es que a mí me ha hecho sufrir la crítica de la gente que no me ha visto. De pronto dicen «esta señora» y ni siquiera saben cómo es esta señora, que a lo mejor es más moderna que ellos [risas]. Soy más moderna que muchos. Pero yo ya he entrevistado a tanta gente, a premios Nobel, a varios de ellos. He compartido tertulias con Cela, he entrevistado a tantos escritores del Boom latinoamericano. Recuerdo también a Benedetti, a gente que he admirado mucho, me he sentido tan reconocida. Mira, hubo una época en que algunos escritores sacaban un libro y les decían: «Tienes que ir al programa de María Teresa Campos». Y algunos contestaban: «Bah, ese es un programa para mujeres». Y yo creo que el piropo más bonito que me han dicho han sido mujeres que estaban en su casa y me decían: «He aprendido mucho en su programa». Mujeres que conocían a gente a través de la tele de las mañanas. Y en ese sentido yo me he sentido reconocida, algunos de esos escritores se sentaban a mi lado, en cambio, y conocían a la persona de verdad, a la que yo era.

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- Es inevitable la etiqueta. Las Campos dais un perfil, también estético. Aunque sea superfluo.

-Sí, pero mucha gente habla sin verme ni sentarse a escucharme. Yo jamás he tenido programas importantes vacíos de contenido. Siempre lo he querido dar, incluso en este espacio, que no es tanto de ver cómo me levanto y cómo desayuno, sino que se trata un tema de actualidad, que luego comentaremos, un tema de interés general.

-¿Pero tú no crees que lo que interesa realmente es vuestro día a día?

-Bueno, yo creo que las dos cosas, pero de una manera diferente. En principio le podrá llamar la atención vernos, pero luego espero que les guste el tema, el hilo conductor del programa.

-Has dicho en una entrevista que no salen frikis en este espacio.

-Quiero dejarlo claro, no me considero más que nadie, pero no soy el perfil de los realities habituales. Aunque tanto en Gran Hermano como en Supervivientes están entrando personas de todo tipo.

-Defiendes, en tu caso, un modelo de familia más tradicional.

-Claro.

-¿Te consideras tradicional?

-Como mujer me he adaptado a cada momento que he vivido. No sé si he sido una madre a la antigua, pero siempre he trabajado. Siempre he tenido independencia económica, mi dinero, y eso es muy importante. He trabajado en muchas cosas, no he sido convencional en mi tiempo, siempre he tenido esa singularidad, muchas de mis amigas no trabajaron. Hoy sí soy igual que muchas mujeres, que tienen la vida que yo puedo tener más o menos, aunque en mi casa a lo mejor luego soy más convencional que ellas. Los hombres de ahora no son los de antes. Ahora hay hombres que comparten todo y es como tiene que ser.

-¿Tú eres de atender? ¿De cuidar a tu pareja?

-Sí, sí. Muchas veces soy de las que digo: «Deja, que lo hago yo». Y él en eso siempre responde: «No, lo hago yo», a él le gusta. Está educado desde pequeño a ser igual que sus hermanas, y eran dos hombres y dos mujeres. En cambio yo no lo viví. A mí me decían: «Niña, levántate y ponle un vaso de agua a tu hermano».

-Antes te preguntaba de broma si todo lo has hecho con dos tacones porque eres una adicta a ellos.

-Sí, sí. Yo la moda la he promocionado muchísimo. Cuando no estaban las grandes marcas aquí, yo iba buscando zapatos de Manolo Blahnik por ahí fuera. Tengo una colección maravillosa de zapatos, y han acabado por ser una seña de identidad mis tacones. Nunca he sido de comercializar nada, pero un día me dijeron si sacaba una línea de zapatos y ahora ya existe. Yo siempre fui muy maníaca de la ropa, y creo que se lo he transmitido a mis hijas. Cuando yo llegué a la tele, la gente repetía la ropa, y a mí entonces me la regalaban. Es verdad que en esa época estaba gorda, como todas las mujeres cuando los estrógenos, pero solo fue unos años, pero los años de más éxito profesional. Por eso digo siempre que da igual estar gorda o delgada para triunfar [risas]. La ropa en aquel tiempo me la dejaban pero la devolvías. Luego adelgacé y ahora hay presupuesto y se compra.

-El tacón siempre te gustó.

-Sí, sí. Yo nunca he ido arreglada sin tacón. Incluso ahora en verano llevo una plataformita.

-Han dicho que Terelu y tú vais a explicitar vuestras diferencias. ¿Os lleváis bien?

-Somos diferentes, ella es muy exigente, muy perfeccionista y yo soy más espontánea. Ella parece más envarada por eso, porque sale con una exigencia tremenda que yo no tengo. Yo salgo más a lo que sea, no suelo equivocarme mucho, creo, pero no me mido así. Ella ahora tiene muchas tablas, pero no deja de exigirse, igual que en la vida diaria. Con su hija, la casa... Y hay que ir más suelta. Yo no tengo tanta obsesión por hacerlo todo bien. Esa es la diferencia.

-¿Tu hija Carmen va a salir también?

-Ha salido en el debate, pero en principio no, no es muy de salir. Ella ha estado conmigo dirigiendo y produciendo en su momento, y está muy considerada en su terreno. Para mí mi hija ha sido maravillosa trabajando conmigo, me quitaba muchísimos problemas.

-¿Cuál crees que ha sido el riesgo mayor que has asumido en tu vida?

-Cuando me fui de TVE a Telecinco. Telecinco había empezado con las Mamachicho, era ese tiempo, y yo me iba de la seguridad de un ente público. Pero tuve la fortuna de que me llevé un 30 % de audiencia. Fue el mejor riesgo de mi vida. La gente se vino conmigo.

-Eres muy de fidelizar, de hacer tu camarilla.

-Sí, sí. Si se va alguien es porque le han ofrecido un dinero en otro sitio que la productora no le podía igualar. Pero yo nunca he echado a nadie.

-¿Pero te gusta rodearte por seguridad, por comodidad?

-No, no. Yo he tenido la suerte de que mis amigos son unos número uno en lo suyo. Carmen Rigalt, Villacastín, Del Pozo... Yo tengo la suerte de que mis amigos son los mejores. Es lo mejor de la vida.

-¿A ti alguien te ha callado la boca? Ni siquiera en aquella mítica escena con Hermida que era broma...

-Yo he sido muy bocazas. Siempre he defendido que decir lo que a uno le apetece en un determinado momento es uno de los grandes lujos de la vida, pero se paga. Así que aprendí a contar diez, quince y veinte. Porque yo te puedo dar una contestación que te vas a cagar. Mi hermana siempre decía: «A mí me encantaría dar los cortes que da mi hermana». Por eso empecé a pensar que me tenía que cortar. Yo con lo que no puedo es con las injusticias, pero en la vida hay momentos en que te tienes que callar, seas quien seas. Hay muchas cosas que diría y no digo.

-Bueno con este silencio no sé si seguir... ¿Vale todo por la audiencia?

-No, ese lema nunca ha sido mío. A mí me gusta hacer televisión para hacer feliz a la gente, no para dañarla.

-Pero es difícil hacer hoy un entretenimiento blanco.

-Sí, siempre tiene que haber un punto. Eso lo hace mejor que nadie Sálvame, que han conseguido que el insulto se devalúe mucho [risas]. Porque son los maestros más grandes que he visto en mi vida de reinventarse, tiran de cada hilo que le dan para semanas. Y fuera de España han empezado a copiar ese formato. No sabes la cantidad de gente que dice que ese programa le hace feliz, que es la única compañía que tiene, te cuentan sus problemas. Hacer eso cuatro horas cada día es una obra de arte.

-Si a los 75 haces un «reality», ¡no sé qué te espera a los 85!

-Con diez más estoy ahí mirando al mar. Si los llego a tener. [Risas]

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