Publicidad
Publicidad
Publicidad
0
0
0
0
Publicidad

Yo sí que tengo un alma gemela

Dos vidas en una. Son inseparables, se adoran y su conexión es tan grande que con solo mirarse ya se entienden. Quien tiene un hermano o una hermana gemela tiene un tesoro: el de saber que su vida vale el doble. Hablamos con varias personas que caminan, sienten y sufren a la par

07 de febrero de 2016. Actualizado a las 10:02 h. 10

0
0
0
0

A algunas historias hay que echarle cuento, pero a otras, como la de Licha y Mari, no hay que añadirle ni una pizca de literatura porque aunque en rigor son dos en una por la conexión que tienen entre ambas, en las dos también es cierto que caben muchas. A las siete de la mañana están en pie, mientras hacen el café ponen la olla con la comida y así no perdonan su paseo diario («todos los días tenemos que cruzar la calle Real juntas», dicen). Este año cumplen 80 con la vitalidad que las ha hecho convertirse en personajes obligados de la ciudad donde viven, A Coruña. Allí son conocidísimas por ir impecablemente vestidas haga calor, frío o llueva a cántaros, morenísimas y con el pelo recogido. «Siempre lo llevamos así, es una costumbre heredada de nuestra madre», apuntan. «Pero no te lo pierdas, a nosotras nos han asignado ya todo tipo de nacionalidades, que si somos cubanas, mexicanas... Hace poco un señor muy amable nos cedió el sitio en una sala de espera y nos dijo: '¿Cómo no se lo voy a dejar si son de mi raza?' ¡Creyó que éramos gitanas! Pero si somos de algún sitio es del Gurugú, somos las gemelas del Gurugú». Con el orgullo de ese título se apañan como chicas de barrio: «Nosotras nos hacíamos la ropa, hemos sido un poco adelantadas y cuando nadie llevaba maillots nosotras ya los lucíamos». 

Unidas hasta en el parto

Como gemelas su vida ha ido a la par, se casaron, se separaron, pero solo Licha ha tenido hijos. Bueno, hijas, que son tres. «Mira si estamos unidas que yo estaba en Barcelona -cuenta Mari- y una noche me puse malísima, con unos cólicos terribles. Al día siguiente por la mañana Licha me llamó y me dijo: 'Ya eres tía'. Cuando fui al médico para que me viera ese mismo día me dijo que lo que yo había tenido eran las contracciones de un parto, claro, que no era el mío. Así que cuando Licha tuvo a la  tercera yo medio de broma medio en serio le dije a su médico: 'Esta es la última, que yo no aguanto un parto más'». Ahora que ninguna tiene pareja (se murieron el mismo día con un mes de diferencia) han vuelto a dormir juntas en la misma cama y jamás han tenido un enfado serio. «Criamos las dos a mis tres hijas y a todos mis nietos y solo con la mirada ya nos entendemos», dice Licha. 

¿Votáis también al mismo partido? «Sí, sí, lo único en lo no estamos de acuerdo es en el tabaco: Mari hasta hace poco fumaba dos cajetillas diarias y yo no lo soporto». «Sí, esta es la quinta vez que intento dejarlo. Mis padres trabajaban en la fábrica de tabacos y yo le robaba el tabaco a mi padre del bolsillo y lo imitaba: empecé a fumar como él, en pipa, a los diez años», responde Mari. Ella se confiesa la más inquieta de las dos y la que de alguna forma lleva los pantalones. «Ya de pequeña cuando nos pegábamos en la calle con los niños -apunta Licha- yo les decía: 'espera que voy a avisar a mi hermana'». «Vamos, es que si a un novio mío de entonces no le gustase mi hermana, o al revés, no estaríamos con él», añade Mari. Las dos solo tienen una petición: «Si muriésemos juntas sería una maravilla... Y si no que me muera yo primero -se espabila Mari-, que para algo nací de última, y eso quiere decir que soy la mayor». Cualquiera en su lugar lo entiende.    

Solo idénticos por fuera

Martín y Yoni Mejuto Sobrado no pueden negar que estuvieron nueve meses en una misma bolsa. Es normal que la gente los confunda porque son como dos gotas de agua. Esta circunstancia los salvó en ocasiones de algún castigo pero en otra los puso en aprietos. Puede que el ojo femenino sea muy agudo en este aspecto porque las chicas los distinguen perfectamente. Estos gemelos nacieron el 3 de febrero de 1994 en Tarrío de Burxegos, una aldea de Monterroso. Aunque son iguales físicamente, en el carácter son  el yin y el yang. Coinciden en los gustos culinarios y en que ambos son socialistas, pero si uno se decanta por la política, el otro por el deporte. Si uno prefiere el Facebook, el otro opta por Instagram. Si a Yoni le apasiona la fotografía y es fotogénico, Martín todo lo contrario. Si  este muy extrovertido, el otro es más tímido. En cuanto al terreno laboral, Martín estudió un ciclo de administración y finanzas y ahora trabaja en una empresa de seguros. Le apasiona la política; de hecho es pedáneo en su aldea y concejal en el pueblo. Yoni, sin embargo, optó por coger el camino de las fuerzas de seguridad y está preparando la oposición para la Guardia Civil. Actualmente no lucen la misma ropa. Tienen estilos distintos. Martín es más clásico: americana, camisa, Dockers y mocasín. Yoni va a la última pero de manera informal: vaquero, camiseta y vans. En cuanto al look, uno opta por llevar la raya hacia la derecha y el otro hacia la izquierda. De altura miden lo mismo y de peso uno (Martín) tiene unos cinco kilitos más. Quizá esto se deba a que Yoni es un deportista todoterreno y Martín prefiera los sillones. Coincidieron más de un año en el equipo de fútbol de Monterroso pero en diferentes rangos. Mientras Yoni jugaba, Martín presidía el Club. Su unión es tal que si uno coge un catarro, a la semana siguiente lo coge el otro. Los dos están solteros, les encanta bailar y salen en la misma pandilla de amigos. Le gustan las verbenas y son seguidores de la orquesta París de Noia. A la hora de tomar algo, son fieles a la 1906, al ron y a la ginebra. Su conexión y telepatía los hace casi el mismo ser e increíblemente similares.

«Yo sin ella no soy nada»

Una es fan de Sergio Dalma y la otra de Alejandro Sanz. Es casi la única diferencia entre estas dos gemelas de 41 años y vecinas de Santiago. Bueno, la música y el café. Porque a Mónica Mosquera De la Fuente le gusta muy dulce y a su hermana Marta sin azúcar. «Tenemos tal conexión que, sin darnos cuenta y sin saber la ropa que eligió la otra, siempre salimos de casa vestidas igual«. Hasta cuando escogían la ropa para sus hijas tenían el mismo gusto: «Muchas veces le decía a Marta 'mira lo que le compré a la niña' y resulta que ella también se lo había comprado a la suya». «De pequeñas ¡éramos tremendas! Es increíble lo que piensan dos cabezas», se ríe Mónica. «Hay una relación muy especial entre las dos. Yo sin ella no soy nada, es parte de mí», cuenta Marta. Las dos estudiaron diseño de moda y vivieron juntas hasta los 19 años. Ahora sus casas están muy próximas en Sigüeiro, aunque Mónica pasa parte de la semana en Santiago.  El WhatsApp les permite estar conectadas en todo momento. «Muchas veces cuando voy a mandarle un mensaje veo que ya está ella escribiéndome a mí», cuenta Marta. Es inevitable, salvo sus padres, el resto del mundo las sigue confundiendo. «En cierto modo tiene su puntillo porque si algún día no te apetece pararte a saludar puedes hacerte la despistada», bromea Mónica. Coinciden en el cine, «nos van las pelis romanticonas», y pasan de la política. Llevan el mismo peinado y solo una vez se les dio por cortarse el pelo. «Lo bueno de tener una hermana gemela es que si a ella le queda bien un peinado sabes que a ti también te va a quedar bien».

Ampliar imagen

«No saben lo bonito que es»

Noa y Marta Castro viven separadas, pero comparten armario. A sus 34 años, estas dos ferrolanas afincadas en Miño se ven a diario y no se acuestan sin haber hablado antes unas cuantas veces. Son incapaces. Su unión es tan visceral que amanecían en la misma cuna: «Estaban separadas, pero mi madre nos cuenta que por la mañana cuando iba a vernos se encontraba con las dos cunas juntas y a las dos en la misma. Una empujaba su cuna hasta que podía saltar dentro de la cuna de la otra», cuenta Noa entre risas. Eso sí, cuando toca contar hasta dónde llega su vínculo gemelar, se pone seria: «Un día tuve una experiencia. Estudiamos en ciudades distintas, y en medio de la noche me desperté muy angustiada. Solo me vino ella a la cabeza. A la mañana siguiente, me contó que había pasado muy mala noche, que había estado de bajón y que se había estado despertando cada dos por tres», explica.

Están conectadas hasta en la forma de vida. Las dos tienen pareja, ninguna tiene hijos y viven a diez minutos de distancia. Comparten grupo de amigos, salen juntas y tienen los mismos gustos y aficiones. ¿Que si nunca se cansan de ser tan iguales? Para nada. «Hasta vestimos casi idénticas. Nos gusta la misma ropa, por eso compartimos un armario grande que está en mi casa y al que Marta viene para buscar ropa muchas veces», apunta Noa, que añade que según terminaron estudios, sintieron la necesidad de volver a vivir cerca: «Yo no podía, estaba bien pero echaba mucho de menos a Marta», confiesa. Lo mismo dice su gemela, que es la mayor «por cinco minutos». «Hay que ser gemela para saber lo que es. Para mí, es como si me quitaran una parte de mi cuerpo si me falta Noa. Dicen que el vínculo más fuerte es cuando se tiene un hijo, pero yo creo que se puede comparar con el que sienten los gemelos», asegura Marta.

Pero ojo, que no son las únicas de la casa. Tienen un hermano y una hermana, aunque Marta no puede evitarlo: «Noa es lo más importante. Ellos lo saben también, pero es que la unión es muy fuerte y tienen que entenderlo. Yo con solo mirarla ya sé lo que le pasa». Al contrario que muchos hermanos, Noa y Marta apenas han discutido o se han celado: «Al contrario, si le puedo dar yo más a ella, se lo doy. Es que si no tiene, sufro yo. Jamás discutimos, un minuto nos puede durar la discusión. A nosotras nos encanta ser gemelas y creemos que es un privilegio. La gente tiene que ser gemela para saber lo bonito que es», sentencia Marta. Qué suerte de tenerse.

Publicidad

Comentarios 0