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¿Habías oído hablar de este miedo alguna vez?

A DUCHARSE, A LOS NÚMEROS, A LAS PLANTAS O INCLUSO A RECIBIR BUENAS NOTICIAS
Son algunos de los temores más curiosos que se han documentado. Porque la lista es larga: miedo a los calvos, a los espejos, a los topos o incluso al matrimonio. Tienen nombre y solución. Consultemos

10 de enero de 2016. Actualizado a las 01:25 h. 11

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No hay más que curiosear un poco en otras vidas para darnos cuenta de que no somos únicos. No al menos en miedos y rarezas. Hay algunos peculiares que hasta tienen su celebridad. Si Alfred Hitchcock no podía, según se ha dicho, controlar su terror a la policía y Victoria Beckham su aversión al ajo, hay otras fobias notorias: a Megan Fox le han atribuido miedo al papel, a Orlando Bloom a los cerdos, a Tyra Banks a los delfines y a Pamela Anderson a los espejos. Lo que hay que ver, dirán algunos. Pero todos tenemos miedos grandes y pequeños que nos resistimos a contar.

El mundo de los temores que nos acechan es amplio, tiene incluso un diccionario propio accesible en la Red. En él caemos para dar con términos como telefonofobia (miedo a los teléfonos), aerofobia (al viento), cronofobia (al paso del tiempo) gamofobia (al matrimonio) o eufobia, temor que genera el hecho de recibir buenas noticias. Este último, que puede resultar tan sorprendente, tiene detrás «una fobia a la emoción, a sentir emociones para las que no nos creemos preparados -explica la psicóloga experta en trauma Elena Borrajo-. Afecta a personas que han sufrido y tienen dificultades para regular sus emociones».

La emocionalidad, explica la especialista, es una constelación de sentimientos y sensaciones que se van regulando a lo largo de la vida a través de una serie de procesos. En ellos es clave la intervención de nuestro entorno, especialmente de los padres o tutores. «Los bebés presentan un estado tosco de emocionalidad. Su llanto, al igual que su alegría, es abrumador, desproporcionado. Esto es algo que puede resultar muy doloroso, sentirse desbordado por lo que uno siente. Una de las tareas del cerebro es sofisticar ese sistema emocional con el que nacemos para poder regularlo y evitar el descontrol. Pero se necesita ayuda».  

Volviendo al mago del suspense, una película como Marnie la Ladrona, en la que Tippi Hedren entra en pánico al ver objetos de color rojo, nos da la clave de un temor tan extraño como el que podría inspirar, por ejemplo, la visión de unos pantalones verdes. En este caso estaríamos ante un miedo traumático, «en el que un estímulo queda asociado a una respuesta de pánico involuntaria. Tenemos miedo a unos pantalones verdes, pero no sabemos qué lo genera. Habría que buscar la causa», explica Borrajo. Es posible, advierte, que alguien con pantalones verdes nos haya agredido y no logremos recordarlo bien.

¿Cómo superar el más curioso de nuestros traumas? «Pidiendo ayuda -zanja la experta-. A veces lo que empieza como un miedo a las alturas se va expandiendo y provocando otros». ¿Miedo a todo? Existe, sí, bien lo sabe Woody Allen... y también tiene su nombre: pantofobia, omniphobia, panfobia son tres de las palabras con las que se identifica este pavor generalizado. 

ENFRENTARSE A ÉL

Psicólogos clínicos de Avanza, que aplican en el tratamiento de los miedos el modelo de las terapias cognitivo-conductuales, sostienen que «ante cualquier miedo o fobia la técnica más eficaz es la exposición, en vivo o en imaginación». Esto es, enfrentarse al miedo. Ya sea directamente, en la realidad, o recreando una situación «con todo lujo de detalles». Y preferentemente de forma gradual. Entre los miedos más curiosos que ha ayudado a superar este equipo están, comparte, el miedo a ducharse y el temor a las plantas.

No temáis, también estos tienen nombre y solución.

TRES GRANDES TIPOS DE MIEDO

1. Los innatos. Son miedos que funcionan como una alerta orientada a la preservación de la vida, como el temor a las alturas y a la oscuridad. Están en nuestra naturaleza, son instintivos.

2.Los adquiridos. Nos hacemos con esos miedos a través de la vida o por la experiencia que nos legan otros, como nuestros padres. Puede ser el caso del miedo a los animales si cada vez que un niño se cruza con un perro sus padres manifiestan inquietud o temor.

3. Los traumáticos. Se producen cuando un estímulo queda asociado a una respuesta de pánico involuntaria. Tenemos miedo sin saber exactamente qué lo genera. Es el caso de un miedo como el que se manifiesta en Marnie la ladrona ante las cosas de color rojo. 

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