Bancos y playas


asi al mismo tiempo que el Pastor se convertía en historia financiera de Galicia, en la localidad de Loiba abría un banco con vistas al cielo. El asiento lo convirtió en internacional el fotógrafo viveirense Dani Caxete, que publicó la imagen en La Voz después de que se la premiara el Observatorio de Greenwinch e hizo más por el turismo del país que tres o cuatro campañas de la Xunta. El banco, en realidad una humilde estructura de cinco tablas de madera, llevaba puesto allí ocho años, los mismos que transcurrieron desde que Rafael Prieto, aficionado a la naturaleza, vecino también de Loiba, decidió acomodar sobre unos listones a los amigos que tenían en el acantilado de O Picón, en Furnas, un ?pensadoiro?, ?un rincón del alma, un lugar ideal para amarse?, según Rafael confesó en verano a Ana F. Cuba en la última página de La Voz. 

Desde la astrofoto de Caxete, majestuosa, apabullante la costa de Ortegal, del banco de Loiba no ha hecho más que viajar por el mundo; y el acantilado en el que Rafael y sus amigos miraban al cielo como si estuvieran en el salón de su casa se ha convertido en el más reciente reclamo turístico de Galicia. 

Esto pasa mucho aquí, en donde tenemos una relación tan privada con el entorno, que nos parece normal chantar un banco frente al mar, convertir la intensidad en un espectáculo privado y compartirlo solo con los de casa. Somos poco de márketing y más de regodeo íntimo.

El banco de Loiba y la foto de Caxete han inaugurado una nueva manera de mirar al océano, una forma de observar la congoja salvaje del océano desde la costa de Galicia. El domingo, en Touriñán, instalaron frente al mar el mellor banco do mundo, en una competición saludable con el más bonito, ese ya mencionado de Loiba, en Ortegal. Pronostico aquí y ahora una costa henchida de taburetes, asientos y poyos en los que los extranjeros se aposentarán para contemplar el mundo desde Galicia y al que acudirán las políticos antes de las elecciones como hoy comparecen en las rotondas y las autovías cuando toca votar. 

Con la foto de Caxete está pasando como con la playa de Rodas. Lleva allí toda una vida, el arenal de Cíes, con su aspecto caribeño y su textura polar. Pero un día un periódico extranjero, The Guardian, dijo que era la más bonita del mundo y fui ahí cuando nos dimos cuenta de que así era, y que aquí le ganábamos a Malibú, y a la Riviera Maya y hasta a esas playas en las que hay tsunamis y que parecen un decorado de lo hermosísimas que son. Hoy es imposible mencionar Rodas sin que se le ponga a continuación el título concedido por el rotativo: «Rodas, la playa más bonita del mundo, como dijo The Guardian». 

En Galicia necesitamos que alguien de fuera bendiga nuestra singularidad, como si nuestro hecho diferencial se reconociera mejor fuera que dentro. Puede que el Camino de Santiago sea la mayor autopista cultural de occidente porque al otro lado de O Cebreiro se empeñan en repetirlo. Si ellos lo dicen, pues quizás sea.

En estos ocho años de gran recesión, en Galicia cerramos los bancos y nos los llevamos a los acantilados. Puede que observar con calma el océano nos indique el camino. Puede.

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