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¡Así da gusto trabajar!

Y PUEDE SER UN PLACER Como darse un masaje. Aquí hay esa opción. YES entra en las instalaciones de un modelo ideal de trabajo, sin horarios fijos, con gimnasio y futbolín. ¡Como para no ganar! 

21 de febrero de 2015. Actualizado a las 05:00 h. 6

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Una se imagina cómo sería la vida cuando aquellas mujeres antes de Coco Chanel llevaban los corsés asfixiándoles el día a día sin margen para subir y bajar con libertad, para sentir los abrazos o para correr rápidamente a por un niño que se les había escapado de su mano. Pensamos en aquello y nos ahogamos. Pero llegó Coco y los pantalones, las camisas de seda y el pelo suelto nos relajó a otro mundo impensable en el que incluso ahora se permite combinar con alegría la alta costura y unas zapatillas deportivas. Qué gusto. Qué manera tan confortable la de vivir en el sport sin la exigencia terrible de la constricción. Esa misma sensación liberadora es la que penetra por los ojos cuando una se aproxima a otro modo de concebir el trabajo. No se trata de aflojarse la corbata y remangarse los puños de la camisa el viernes (que como gesto está muy bien). No. Es mucho más. Es saberse partícipe de otro mundo, de una realidad que existe ahí mismo y que parece separada por siglos. Como si algunos vivieran aún en la etapa previa a Coco Chanel. Pero están a un paso. Y lo cruzamos para entrar en otra dimensión. Sin corbata, sin horarios fijos, con flexibilidad, con un futbolín, un billar, con un gimnasio, incluso un fisioterapeuta por si se sobrecargan los hombros.

Aquí incluso la empresa te paga las cañas un día a la semana o la entrada del cine. No es una broma. Es otra modo de ver la vida... laboral. Que influye, claro, en la forma definitiva de ver el resto de la vida. Todo es un reflejo. Y se nota nada más entrar en una de estas empresas modelo como Sofftek. Da servicio informático y está repartida por varios países, pero una de sus sedes está en A Coruña, en el polígono de Pocomaco. Nada más abrir su puerta ya da la risa. Un panel expone un cuadro variado de fotos y vídeos de diferentes fiestas, desde México a Brasil pasando por Estados Unidos... en las que se ve a todos los empleados haciendo el payaso. «Le damos mucho valor a las relaciones sociales, no es obligatorio ir a todas estas acciones, pero para que te hagas una idea nuestra presidenta, Blanca Treviño, viaja desde México todos los años para asistir a cada una de las fiestas de Navidad de Sofftek en cada uno de los países en que estamos», relata Verónica, desde el departamento de Recursos Humanos, que aquí le llaman de Capital Humano. Porque otras de las peculiaridades de estos lugares llamados a cambiarnos la forma de concebir el trabajo son los eufemismos. 

TODO EL DÍA EN INGLÉS

No hay jefes, sino líderes, y se apunta como pilar la palabra coordinador. Enseguida asalta la duda de si se han estructurado como una secta. «No, no ?aclara Fernán, que tiene 34 años y lleva poco más de uno en Sofftek? esta nomenclatura la heredamos del modelo mexicano, quizás lo primero que sorprende de aquí es la mentalidad abierta, aprendemos de muchas culturas y eso influye en la forma de dirigirnos. Yo hay días que hablo más con gente de la India que de Galicia, me puedo pasar semanas hablando en inglés y apenas sin soltar una palabra en español». «Esa es otra curiosidad -apunta Anca, que es de Rumanía- que quiero destacar. Yo llevo 9 años en A Coruña y en todas las entrevistas me preguntaban si sabía inglés, pero nunca lo utilizaba. Era un mero cliché curricular». Lo que está claro es que en ningún caso se premia el hecho de calentar la silla. «A ver, esto no es un happy flower, somos una empresa y finalmente quieres ganar dinero y ser productivo, pero se establece una relación de fuerte confianza con el trabajador, unas veces da más una parte, pero luego se compensa con la otra. Tenemos a gente trabajando el 100% desde casa, otra al 50% y lo que no nos agobia es que sobre la marcha de la rutina un niño se te ponga enfermo o tengas a tu madre en el hospital. Si necesitas estar parte de tu jornada en casa o no desplazarte por el coste que supone, lo arreglamos porque hay medios  tecnológicos hoy para que funcione, chats, videoconferencias, programas...», expone Sarah, una de las psicólogas. La mayoría, sin embargo, valoran el hecho de trasladarse a la oficina porque se necesita el contacto físico también, «pasarle la mano por el hombro a un compañero o expresar lo que piensas en el cara a cara», dice Raúl, que lleva en Sofftek casi desde el inicio, hace 11 años. 

¿Pero a ver esto es creíble? ¿En qué momento no surgen los malos rollos? ¿Los corrillos de café para poner a parir al compañero?, les  pregunto.    

Todos insisten en que puede haber una mala cara, pero jamás una falta de respeto, un portazo ni mucho menos un abuso por parte de un jefe. «Somos personas y es normal que haya alguna desavenencia, algún pique, pero no dejamos que se enquisten, a veces se resuelven gracias a una partida de futbolín y otras por las propias dinámicas de trabajo, lo bueno es que aquí sientes la libertad de plantear cualquier cosa, seas un becario o tengas un cargo, otra cosa es que se lleve a cabo». Será porque la media de edad está en los 33 años y no hay mucho resabiado y la memoria histórica no entiende de historias, pero se ve que lo exponen con naturalidad. 

Es lo mismo que nos apuntan desde Visual MS, otra empresa de perfil tecnológico, que en el 2011 fue considerada como la mejor para trabajar. Fue de las más valoradas en el ranking de los Best Workplaces, al igual que R, que sigue estando ahí arriba y en ese camino hacia la felicidad tienen incorporado un coach  interno («unaum»), una de las claves que los elevó en el 2013 para ser elegidos como un Great Place to Work. En Visual MS, además, tienen un sistema personalizado de nóminas y de vacaciones. Ellos se pueden coger 28 días laborables, y se estimula el hecho de que las disfruten en un determinado período ampliándoles los días hasta 32. 

¿Y vuestros amigos? ¿Os envidian? ¿Qué es lo que más les sorprende? Lo que más se valora desde fuera (y desde dentro) es la libertad y el buen ambiente. Es la respuesta de la mayoría, que Anca resume con un ejemplo. «Yo me fui un mes a Rumanía porque lo necesitaba por temas familiares y nadie lo notó, lo comuniqué, claro, pero ni al cliente ni a la empresa le afectó. Eso hay que tenerlo muy en cuenta». De ahí que relativicen el salario. Para ellos ganar es ganar también en vida y en tranquilidad. «Por supuesto que tenemos estrés y trabajamos mucho, pero no nos viene impuesto desde arriba. No es la tensión de que te miren por si has hecho x horas o que tengas que medirte con el horario de un jefe. Sí que puede haber el peligro de intentar convertir, a lo Silicon Valley, tu lugar de trabajo en una segunda casa para que no salgas del recinto, que tengas todo a mano, pero si hay cierto control sobre eso trabajar así es un gusto». Los chicos de Sofftek lo celebran con sus juevebes, es el día en que se juntan (no es obligatorio, insisto) para salir y me invitan. Me sabe mal decirles que trabajo. Ellos por el momento van por delante y se marchan de cañas.  

 

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