La Autoridad Portuaria incumple su promesa de prohibir el botellón

Comerciantes y vecinos denuncian la mala imagen ofrecida ante miles de turistas

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vigo / la voz 04/06/2017 05:00 h

El botellón no solo no ha desaparecido de la zona del Náutico, sino que su incidencia parece ir en aumento.

En noviembre del año pasado, el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique López Veiga, prometió su prohibición ante las quejas y protestas de comerciantes y vecinos de la zona por la situación. Pero la promesa cayó en saco roto y el problema sigue vigente. Ayer mismo, no había más que darse un paseo por el entorno del Náutico a primera hora de la mañana de ayer para comprobar la existencia de una estela de basura que delataba su continuidad. Lo denunciaban los propietarios de los negocios de la zona, molestos por la mala imagen que se daba en un día con multitud de gente atraída por el portaviones Juan Carlos I.

A la primera advertencia de López Veiga hace seis meses de que se indicaría con carteles la prohibición, acompañada por la acción de la policía portuaria, en enero de este año le siguió un segundo anuncio. Esta vez el responsable portuario aseguraba que finalmente se habían puesto en marcha las medidas contra el botellón y que las sanciones podrían llegar a los 60.000 euros.

Los vecinos del entorno aseguran que el botellón se sigue celebrando igual que antes y que ocasiona las mismas molestias de ruido y suciedad. «Este fin de semana ha sido un escándalo, se oía hasta en la Alameda», comenta un portavoz de la entidad.

La misma situación detecta la asociación de comerciantes de la zona del Náutico. «Se sigue celebrando todos los fines de semana en toda la zona de abajo, paseo de la Avenidas, Montero Ríos... Aunque después lo limpien, quedan cristales, vómitos, olor a orines. Hay una barbaridad de gente y se necesitan recursos para solucionarlo», comenta el presidente, Rubén Pérez. Está convencido de que el Puerto no tiene medios suficientes para atajarlo y de que indicar a los jóvenes que dejen la basura en los contenedores es difícil, sobre todo, cuando toman una copas de más.

Pese a ello, la entidad ha encargado un proyecto educativo para mentalizar a los escolares de entre diez y once años sobre este tema. En él se incluyen advertencias sobre lo que se pierden al día siguiente, como por ejemplo, ir a la playa, jugar al pádel o a cualquier otro deporte. El mayor problema para ponerlo en marcha es la financiación al suponer una inversión de 20.000 euros.

Para Rubén Pérez, la solución para acabar con el botellón pasa por la coordinación de las administraciones y, por ende, de las fuerzas de seguridad. De hecho, el Puerto reconocía en enero que si no se había puesto en marcha antes la campaña contra el botellón era por falta de medios y «porque no es un asunto fácil de combatir». Aseguraba que se iniciaban las medidas disuasorias, como el aviso de sanción, que a juzgar por los resultados no han tenido el efecto esperado.

«Hasta que no se muera un chaval nadie se lo tomará en serio ni hará nada»

Para la asociación de vecinos de Elduayen, en la que se enmarca el paseo de Montero Ríos, «hasta que no se muera un chaval nadie se lo tomará en serio ni hará nada para erradicar el botellón», según apunta un portavoz de la misma que prefiere no identificarse.

Denuncia que esta zona de la ciudad sirve para todo sin que se cuente con los vecinos a la hora de adoptar las decisiones. «Dicen que vivimos en un sitio de señoritos y hay vecinos que residen desde hace setenta años en las viviendas y a lo mejor no tienen para comer con la pensión que reciben», asegura el mismo portavoz. Las molestias, dice, no solo proceden del barullo que se monta en la calle, sino que muchos jóvenes aprovechan los portales para cobijarse o hacer sus necesidades. Tal es la situación, añade, que hay personas mayores que tienen miedo a la hora de entrar y salir de sus casas.

Cree que es de sobra conocido el local o locales que dispensan alcohol a los jóvenes y coincide esta asociación con la de comerciantes del barrio antiguo Vigovello en que hay menores entre los participantes de los botellones. «Vamos a celebrar una asamblea para tratar el tema y estudiar la posibilidad de contratar a alguien que defienda nuestros intereses», comentan desde la asociación de vecinos de Elduayen.

Las quejas no solo proceden de Montero Ríos, la zona más afectada, sino de otras calles del entorno como Cabral, donde los vecinos denuncian que les tocan el timbre de sus viviendas de madrugada y que el barullo de los jóvenes en el traslado hacia otras zonas no les deja descansar.

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