Alumnos del Instituto Politécnico crean cocinas con impresoras 3D

En el proyecto han participado sesenta estudiantes de la asignatura de Tecnologías

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vigo / la voz 29/04/2017 09:18 h

¿Qué podemos hacer con una impresora 3 D? Fue la pregunta que se hicieron los alumnos del Instituto Politécnico de Vigo tras recibir el material de manos de la Consellería de Educación. Lo mejor, pensó el profesor Antonio Lago, es ponerse manos a la obra para demostrar de qué son capaces las nuevas tecnologías. Con ese objetivo sesenta estudiantes de dos cursos de segundo de ESO pusieron en marcha la maquinaria para elaborar maquetas de cocinas. El motivo de elegir esta estancia de la casa y no otra fue la existencia de muchos prismas de base cuadrada y cúbica. «La idea es que trabajen representación gráfica y escala y un poco de manipulación», explica el docente. Los alumnos diseñan, amplían escalas y construyen prismas en cartulinas.

Una vez que reciben el proyecto con medidas normalizadas, el siguiente paso es la elaboración de los planos y las cajitas. A continuación llega la construcción y por último, el decorado con los utensilios logrados a través de la impresora 3D. El alumno envía las piezas al profesor y este de una tacada lo transmite a la impresora. El resultado es «algo mágico», según comentan algunos de los participantes en la experiencia.

El trabajo se desarrolló el primer trimestre en la clase de Tecnologías durante tres horas a la semana y el resultado se ha mostrado en el vestíbulo del centro de Torrecedeira, donde se suelen exhibir las actividades.

«Les damos ideas, una especie de guion para que construyan y ellos diseñan. Algunos reproducen la cocina de su casa y otros la que les gustaría tener, que en realidad es la idea», indica Lago. Una vez que concluye el plazo de exposición, unos se llevan las maquetas a su casa y algunas quedan en el instituto.

El material utilizado es de lo más variado: papel, plástico, plastilina, cartón, telas, azulejos...

Tanto Antonio Lago como la profesora Esther Fraga, que trabajó el curso pasado con esta misma actividad, aunque entonces sin impresora 3D, reconocen la importancia de este tipo de actividades, no solo en la asignatura de Tecnologías, sino en todas con el fin de mejorar las destrezas. «Es una materia muy cambiante y les gusta mucho. Deberían tener más materias en las que se trabajase por proyectos, como en este caso», apunta Fraga.

A David Alejandro Díaz, uno de los alumnos participantes, lo que más trabajo le dio fue la decoración que le iba a poner a la cocina, según comenta.

Para Candela Cousido, otra de las alumnas, «lo más complicado fue hacer los muebles uno a uno, porque a veces te confundes en las medidas». Igual le sucedió a Lucía Pintos a la hora de cuadrar las medidas con el mobiliario. Sin embargo, a Candela Monterde, le sucedió lo contrario: «Hacer la decoración de la cocina y pegar los muebles para que no se cayesen fue lo que más me gustó». Los cuatro estudiantes coinciden en que lo mejor del proyecto fue la impresora 3D. «Era muy guay ver cómo se iba haciendo caja a caja, se deberían de hacer más trabajos como este, era casi mágico», comentan al unísono, mientras los profesores asienten.

«La recompensa es que lo que era un dibujo en el ordenador, lo pueden tocar»

Tanto Antonio Lago como su colega Esther Fraga reconocen que la impresora 3 D es también para ellos una novedad. Han tenido que hacer un curso exprés y van aprendiendo sobre la marcha, casi a la vez que los alumnos.

«La recompensa es que lo que era un dibujo en el ordenador, lo pueden tocar gracias a la impresora 3D», explica Lago. A él también le ha resultado muy interesante la experiencia al comprobar cómo aprenden los alumnos a diseñar y cómo comprueban que esos dibujos se corresponden con la realidad. Claro que todo eso lleva su tiempo, sobre todo, los ajustes de la impresora. También requiere paciencia prepararlo.

Las impresoras 3D forman parte del paquete de robótica que se repartió en institutos de secundaria al inicio del curso escolar. Con los pequeños robots los estudiantes se inician en la robótica al ser muy sencillo su manejo y estar pensados para que los monten y desmontes los propios estudiantes. Gracias a ello, el Politécnico de Vigo ha conseguido clasificarse en el Concurso Galego de Robótica A maxia da Robótica, organizado por la Fundación Barrié y la Institución Galega da Ciencia. Con esta iniciativa se trata de acercar la ciencia a los escolares y fomentar nuevas vocaciones científico-tecnológicas.

Los ganadores del Instituto Politécnico de Vigo acudirán la próxima semana a la final con la ilusión de lograr un premio. A lo largo del curso escolar han desarrollado una serie de actividades relacionadas con esta materia, con la que de nuevo se pretende acercar a los alumnos al campo tecnológico.

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