La vinagreta común, un tónico estomacal pero también un tóxico

Prospera en terrenos alterados, por lo que abunda en los alrededores de Vigo, aunque su origen radica en Sudáfrica

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Amigos da Terra vigo@tierra.org 20/03/2017 11:05 h

Según el calendario, nos adelantamos un poquito, pero para lo que dice la naturaleza, que es lo que importa, ya estamos en primavera y no se si se han fijado pero estos días en Vigo predomina el color amarillo limón. La flor responsable de alegrarnos cromáticamente la vida es la oxalis pes-caprae, que viene siendo una forma difícil de llamar a la vinagreta o pan de cuco.

Lleva tantos años presente en nuestro entorno que quizás les sorprenda saber que se trata de una especie exótica, originaria de Sudáfrica, y su presencia es cada vez más evidente. Se trata pues de una planta invasora aunque, si tal cosa es posible, de carácter amable porque no provoca alteraciones importantes en nuestra naturaleza.

No sabemos exactamente cuándo ni cómo llegó hasta aquí, aunque todo parece indicar que fue una pasajera imprevista en asuntos agrícolas hace al menos un centenar de años. De tan común que resulta apenas reparamos en ella, pero tiene una historia interesante que contar.

Identificarla es muy sencillo, con sus flores de cinco pétalos de ese intenso tono amarillo que se abren al final de un largo tallo carnoso y siempre en gran número. Su avinagrado nombre hace mención al ácido oxálico que contienen sus tallos y que muchos hemos comprobado empíricamente mordisqueándolos.

Pero si se animan a probarlo (no dejan de ser comestibles), háganlo con precaución porque tiene su toxicidad aunque tradicionalmente se utilizaba como antiescorbútico y como tónico estomacal. En el fondo solo se trataría de verificar que efectivamente la vinagreta sabe a vinagre, pero pasarse de la dosis degenera en el aumento del ácido úrico y en la formación de bonitas piedras en el riñón, no digan que no lo advertimos.

No deja de ser curioso que consiga conquistar tanto terreno cuando sus semillas son inviables fuera de sus zonas de origen, por lo que su crecimiento y dispersión es vegetativa, es decir, son sus bulbos los que se reproducen y se mueven con la ayuda de las actividades humanas, los ríos y cursos de agua y la dispersión provocada por los animales.

Nuestra amiga, con semejante profusión a principios de primavera, es muy apreciada por las abejas, que disfrutan de su polen, pero no solo eso. En la apicultura ecológica el ácido oxálico se utiliza como eficaz remedio contra el ácaro varroa que diezma a las poblaciones de nuestras aliadas abejas. Como toda planta invasora, se intentan muchos métodos para su erradicación, pero nuestras amigas se aferran a la vida y como sus primas son difíciles de eliminar.

En realidad, tampoco existe ningún programa intensivo para ello porque apenas se consideran como malas hierbas en zonas de cultivo. No compensa el esfuerzo de cribar el suelo de forma minuciosa para eliminar todos los bulbos y a veces la alteración del terreno que supone ese proceso es peor que el beneficio final.

La guerra química, generalmente con glifosato, es otro ejemplo de un remedio mucho peor que la enfermedad. Con el tiempo llegará su parásito asociado, una larva que se alimenta de sus tallos, que reducirá su número aunque con imprevistos efectos sobre el resto de las especies que comparten con las vinagretas los ecosistemas. En estos casos siempre recomendamos algún lugar interesante para observar y disfrutar de la especie, pero con las vinagretas lo tenemos complicado a la hora de especificar alguno pues sin duda esta primavera es la suya. Simplemente están por todos lados.

Su abundancia en Vigo y alrededores se explica por una de sus características ecológicas: su carácter ruderal y nitrófilo, que dicho así es incomprensible, pero significa algo tan sencillo como que le gusta y prospera en terrenos alterados por la acción humana, y de eso tenemos en abundancia. Solo necesitamos alejarnos de cualquier zona urbana humanizada, es decir, que conserve algo de naturaleza aunque sea alterada, y de esta forma podremos deleitarnos con descampados, cunetas y sobre todo tierras de cultivo abandonadas que lucen estos días una auténtica alfombra de vinagretas.

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