El Concello de Vigo ensaya con drones para acabar con la plaga de procesionaria

Investigadores de la estación de Areeiro aplicaron tratamientos con éxito en O Castro

Los expertos colocaron al dron un dispositivo para acabar con plagas forestales y siguen investigando.
Los expertos colocaron al dron un dispositivo para acabar con plagas forestales y siguen investigando.

vigo / la voz

El Concello de Vigo lleva varios años luchando contra la plaga de la procesionaria del pino para reducir su población. En su intento por acotar la acción de insecto cuya expansión es imparable, ha probado métodos diversos que han ido desde los sistemas tradicionales de fumigación, a otros más complicados como arrancar uno a uno los bolsones que forman en las copas de los árboles y luego quemarlos, o la colocación de trampas ecológicas mediante anillas que se ponen rodeando los troncos en las que impregnan señuelos de feromonas para capturar a las polillas macho en vuelo reproductor y evitar que completen su ciclo.

Los investigadores de la Estación Fitopatolóxica do Areeiro, organismo dependiente de la Diputación de Pontevedra, comenzó en Vigo a desarrollar con drones experimentos junto a la empresa Aeromedia, especializada en la prestación de servicios aéreos en diversos campos. «Lo que hicimos fue montar sobre los drones unos cabezales especiales, con unas boquillas también especiales, para hacer los tratamientos. Las experiencias comenzaron en Vigo y nosotros continuamos en nuestras instalaciones, donde disponemos de dos drones, uno de ellos dotado de esa misma tecnología y con él seguimos haciendo ensayos para el control de procesionaria y de otros especímenes», explica el ingeniero de Montes Pedro Mansilla, jefe del Servicio de Fitopatología.

El experto se muestra ilusionado con las oportunidades que se abren gracias al uso de nuevas tecnologías. «Creemos que hay una interesante posibilidad en el empleo de drones para el control de plagas forestales o agrícolas, sobre todo en lo que tiene que ver con tratamientos en árboles especiales o que se encuentren en zonas de difícil acceso». Según apunta, hacerlo de otro modo requeriría una gran inversión en maquinaria y personal mientras que con los aparatos voladores se podría llevar a cabo «de forma muy rápida y concreta».

Mansilla afirma que las pruebas desarrolladas en Vigo, que se realizaron concretamente en el monte de O Castro, «fueron un éxito, salieron estupendamente. Evidentemente habría que desarrollar más el sistema, pero en un principio han resultado muy interesantes y positivas». Para explicarlo, el experto compara el aparato adosado al dron con una sulfatadora con una boquilla especial. En este caso, el vehículo aéreo no tripulado tiene algo más de un metro de envergadura «y lleva un depósito muy pequeño con una boquilla que es capaz de fraccionar el líquido en partículas muy finas, inferiores a 50 micras. Así, aprovechando el viento y el fraccionamiento tan homogéneo del líquido, es capaz de hacer un tratamiento muy preciso», aclara añadiendo que las máquinas son las mismas que se usan en superficies terrestres. «La tecnología existe desde los años 80 pero el dron nos da la posibilidad de subirla a la altura que queramos, situarlo y aplicarla en un punto exacto. Antes lanzabas el producto e iba por donde le daba la gana, Así contamina menos, tiene efectos más beneficiosos y una eficacia mucho mayor».

En Areeiro usamos también los drones en ensayos para otras aplicaciones, como en viñedos, por ejemplo. «Es un campo que se está abriendo y se le augura un futuro prometedor», opina.

«Cuando se ve ya el bolsón es un peligro para los animales y las personas»

La Estación do Areeiro, ubicada en Lourizán, suele lanzar avisos fitosanitarios alertando de enfermedades en la masa forestal. En el caso de la procesionaria, los propietarios de mascotas suelen ser los primeros en dar la voz de alarma, ya que son habitualmente los primeros testigos visuales de su presencia en parques y zonas verdes donde hay pinos, cuando las orugas bajan de los árboles en fila india. De todas formas, según indica Pedro Mansilla, los avisos de este tipo a estas alturas de la temporada son lo único útil que se puede hacer, «cualquier procedimiento para destruir la procesionaria ya sería inútil. «Ahora carece de sentido, los tratamientos se tienen que llevar a cabo mucho antes». En verano el insecto adopta forma de mariposa voladora y es inmediatamente después cuando hay que empezar el ataque. «En superficies grandes se usan inhibidores del crecimiento o productos biológicos que hay que aplicar entre la primera y la tercera fase larvaria. En este momento ya se encuentra en la cuarta y debido a que no ha hecho frío, roza la quinta. Ahora solo se podría aplicar piretroides en sitios muy concretos como jardines, ya no en masas forestales», explica. Es decir, que lo que recomienda es estar alerta: «Cuando se ve ya el bolsón definitivo es un período de mucho riesgo porque es cuando le salen los pelos urticantes y es un peligro para las personas y para los animales».

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