Imagen:Aleix Espargaró conversa con el padre de Dani Rivas, Willy.

Rugidos para despedir a Dani Rivas

Personas cercanas hicieron sonar el motor de su moto en el adiós «que al piloto le hubiera gustado»


moaña / la voz

La moto de Dani Rivas, el número siete y el sonido del motor presidieron ayer el velatorio del piloto moañés fallecido en Laguna Seca. «Esta es la grandeza de este deporte, esto le hubiera encantado a mi hijo», susurró el padre de Dani, Willy, al oído de Aleix Espargaró después de que ambos formaran parte de un grupo de personas cercanas que hicieron rugir al vehículo que representaba la pasión del deportista, la misma que le costó la vida. Las lágrimas y los aplausos, a partes iguales, ponían fin al mejor homenaje posible.

Centenares de personas quisieron despedir al que era «un moañés más», pero también uno de los que llevaron el nombre de su localidad por el mundo, como le reconocían agradecidos muchos vecinos. «Cando subía ao podio aí estaba a bandeira de Galicia. Aquí somos moitos os afeccionados ás motos, pero el conseguiu levalo ao extremo de vivir delas e estamos moi orgullosos», comentaron emocionados Pepe y José Antonio, de la peña motera Mata Pardales, organizadores del recorrido previsto para hoy. «A maior satisfacción do pai é esta homenaxe que quixemos prepararlle. O único que está na nosa man agora é brindarlle a mellor das despedidas e iso faremos».

Entre los asistentes había quien no le conocía personalmente -«vengo desde Mondariz para decirle a sus padres cuánto lo admiraba», relató Marcos, aficionado al motociclismo que solía seguir sus carreras- y también quien le vio nacer. «Eu lémbroo moito de neno, traballaba en Correos e levaba á correspondencia á familia. A vida ás veces é así», lamentó Álvaro, de 84 años, mientras Fernando, de edad similar, añadía a su lado que «a morte é o mal que ten que vir a por todos, pero chegoulle moi cedo, cando estaba no mellor da vida».

En el cielo de los moteros

Multitud de personas quisieron dejar su recuerdo de Dani en el libro de condolencias, donde aparte de multitud de simples firmas se podían leer emotivos mensajes como «seguirás creciendo en el cielo de los moteros» o «Dios pondrá motos ahí arriba para que puedas seguir haciendo lo que más te gusta».

Otros optaron por dedicarle un simple «gracias» o un «siempre gas», mientras que hubo quien no dudó en compartir la huella que le quedará del piloto y de la persona de ahora en adelante: «Para mí siempre serás o Neno, con tu talento, tu voluntad y tu sonrisa», una sonrisa tan característica de él como la pasión por las cuatro ruedas que marcó sus días casi de principio a fin.

Daniel Caldeiro, su mecánico: «Me he tatuado su logo para tenerle siempre presente»

Las camisetas con el logo de Dani abundaban entre los presentes, pero hay quien ha querido llevarlo consigo para siempre. «Me lo he tatuado en la muñeca, el primer tatuaje que me hago en mi vida, para no dejar nunca de tenerle presente», señaló Daniel Caldeiro, mecánico de Dani en Easy Race que rememoraba cómo en su última carrera en España fue segundo. «Estábamos contentísimos, pensando en triunfar en Estados Unidos y mira, una tragedia. Pero Dani era grande y lo va a ser siempre».

Caldeiro recordaba más de una anécdota vivida con Rivas, cuya moto se encargaron él y otros miembros del equipo de transportar a Moaña desde Madrid. «Era una bellísima persona, nos tenía maravillados. Te demostraba tal buen rollo que se lo tenías que devolver». Él, en concreto, trataba siempre de estimularle. «Le decía: ??Venga, sal, que eres el mejor. No hay otro como tú en esa pista ni con una moto mejor??. Y se venía arriba. Era y será siempre un tipo increíble, realmente espectacular».

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