El Cunqueiro constata la mala calidad de la comida y cambia de empresa

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua VIGO / LA VOZ

VIGO

Solo nueve meses y medio después de abrir y tras un sinfín de críticas, el Sergas admite que «non acada os altos estándares que se requiren»

10 jun 2016 . Actualizado a las 12:56 h.

En el Álvaro Cunqueiro hay pacientes hospitalizados desde el 24 de agosto del año pasado. Ese mismo día se desataron las quejas por la calidad de la comida. Desde entonces, no han cesado. Nueve meses y medio después, el Servizo Galego de Saúde ha decidido echar a la empresa que gestionaba el servicio de restauración y contratar a otra. Serunión se va y llega Arcasa, que empezará a servir comidas el 1 de julio. 

Aunque en realidad la restauración es una competencia de la empresa concesionaria del hospital, la misma que lo ha construido y que gestionará los servicios no clínicos (como la comida) durante veinte años. El Sergas anuncia en un comunicado que, a pesar de que se han tomado medidas, «aínda non acada os altos estándares que o entorno hospitalario require manter na alimentación». En el caso de Vigo la comparación es aun más evidente, ya que la cocina del Xeral tenía altos niveles de satisfacción. Esta la desarrollaba personal propio del Sergas, mientras que desde el cambio al nuevo hospital es privada.

Serunión funcionaba con un sistema de línea fría. Esto significa que la comida se preparaba y después se enfriaba a 4 grados. Permanecía así un día o dos. Después se calentaba y se servía.

Según el comunicado del Sergas, la decisión se ha tomado ahora porque había que esperar «un tempo prudencial», ya que era «complicada a posta en marcha do servizo de cociña dun novo hospital desta magnitude, o que requiría o seu tempo de adaptación», en palabras del gerente del área sanitaria, Félix Rubial. Ayer se reunió con el servicio de Endocrinología y Nutrición y con el de Dietética para establecer las necesidades de la alimentación de los pacientes.

Arcasa presta servicio en hospitales como el Vall d'Hebrón, el Santa Creu i Sant Pau o el Joan XXIII, todos catalanes.