El Cíes, reducido a escombros

En el solar del restaurante de Canido se levantará un edificio de pisos de lujo

Chito Rieira, antiguo propietario
Chito Rieira, antiguo propietario

Vigo

Punto y final. Cuando en octubre del 2011 el restaurante Cíes de Canido echó el cierre muchos de sus habituales albergaban la esperanza de que no sería más que un punto y aparte. Los hermanos Chito y Adolfo Riera se jubilaban, pero quizá alguno de sus herederos podría tomar el testigo cuando, sobre los escombros del centenario establecimientos -abrió allá por el 1902- se levantara un nuevo edificio. Esos eran los planes iniciales. Pero han cambiado. «Ya tenemos una edad y lo hemos pensado mejor», explicaba ayer Chito Riera.

Lo que venía a decir es que ya no se sienten con ganas de acometer proyectos que les ocupen ese tiempo precioso que después de muchos trienios de trabajo sin horarios, por fin han podido dedicar a la familia, a los amigos, al ocio.

Situado en un lugar privilegiado, a pie de playa, a los hermanos Riera nunca les faltaron ofertas por el inmueble, aunque nunca escucharon ninguna. Primero por una cuestión sentimental -nacieron en él- y segundo por una cuestión profesional. Chito lo explicaba muy bien en el 2011 con motivo del cierre: «Hemos trabajado duro durante muchos años; el local tiene un prestigio y nos sabría muy mal que pudiera perderse o que empezara a pasar de mano en mano. El dinero no lo es todo».

Por eso, cuando se jubilaron, los planes pasaban por derribar el edificio, levantar uno nuevo en el que, quizás, la siguiente generación -sería la cuarta- abriría un nuevo establecimiento de hostelería, con un nombre nuevo y nuevas propuestas gastronómicas. Más que nada porque aquel congrio con fideos, receta de Loliña, era único. Sería el punto y a parte al que antes nos referíamos. Pero no, la piqueta, que trabaja estos días a destajo en el emblemático inmueble de Canido está poniendo el punto y final. «Nos hicieron una buena oferta y lo hemos vendido. Ya tenemos una edad».

Generaciones de vigueses seguirán asociando aquel lugar a uno de los templos del buen comer que a principios del siglo pasado abrieron Jerónimo y Felisa, en el que luego Loliña dejaría su impronta, cuya estela siguieron Chito y Adolfo.

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