¿Es válido el modelo Tallín?

La capital de Estonia convierte en gratuito el transporte público. El Concello de Vigo paga doce millones de 27 que ingresa Vitrasa, pero el billete sigue siendo caro.

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Los 410.000 habitantes de Tallín, la capital de la república báltica de Estonia, adoptaron en octubre una decisión histórica: aprobaron en referéndum la gratuidad total del transporte público de la ciudad. La medida se impulsó basada en criterios medioambientales y ante la certeza de que el 33 % de su coste que se recaudaba mediante los billetes no justificaban el mantenimiento de este sistema.

La decisión de Tallín no es novedosa, pero si es la primera vez que una capital europea, y de la UE, adopta una medida que en el plano de la movilidad puede calificarse de revolucionaria. Aunque sin precedentes en España si los tiene en Francia, donde una docena de localidades lo hicieron con anterioridad.

La conciencia de la escasa relevancia de los ingresos en el presupuesto del transporte es un argumento que igualmente podría ponerse sobre la mesa en Vigo, una ciudad donde el sistema existente tiene calidad en cuanto a los vehículos (no así en sus frecuencias y rutas), y que pese a ello no termina de despegar. La cifra de viajeros se ha estancado en el entorno de los 21/22 millones anuales, los mismos que hace medio siglo, mientras el gasto municipal no para de crecer y, sorprendentemente, también el precio del billete ordinario.

Disputa por los 3 céntimos

El año pasado el Concello presupuestó 10,7 millones de euros para hacerse cargo de las rebajas que los bonos proporcionan a los viajeros. Este año la cifra será mayor y puede llegar a los 12 millones de euros habida cuenta del recorte que va a aplicar a este capítulo el Gobierno central.

Con el precio del billete ordinario en 1,30 euros, la recaudación total con 21 millones de viajeros será de 27 millones de euros, una cifra que puede oscilar ligeramente al alza sin finalmente el Concello solo paga por 1,27, como supuestamente es su intención. Desde el gobierno municipal se insiste en que no se harán cargo del incremento de 3 céntimos aplicado el 1 de enero, algo con lo que Vitrasa no está de acuerdo.

Sea una cosa o la otra, lo evidente es que el Concello se hace cargo del 40/45 % del coste total y pese a ello el servicio no mejora y tampoco gana pasajeros. El precio del billete no para de crecer y aquellos que lo usan sin tarjeta de abono pagan una cifra considerable como es 1,27 euros por desplazamiento. En estas condiciones parece evidente la urgencia de adoptar medidas que pongan fin a un sistema ineficaz.

Ventajas

Lo que buscan Tallín y las ciudades francesas que aplican la gratuidad es sencillo: eliminar vehículos de las calles, acabar con la congestión del tráfico, reducir la contaminación y aspirar al sueño de cualquier urbe de hacerla más habitable. En un caso como el de Vigo, reducir coches de sus calles sería un beneficio impagable y un cambio de tendencia que hasta ahora nadie ha conseguido plasmar.

Evidentemente, una gratuidad a la tallinesa tendría un coste elevado en el plano económico. Supondría pasar de 12 millones de subvención a 27, una cantidad inasumible de entrada. Quizás por ello el alcalde vigués ha empezado a abonar el terreno para una medida muchísimo más modesta y sin duda delicada: aplicar tarifas diferentes a los vigueses y a los foráneos. De esta forma se reduciría el déficit y podría vender a los residentes en Vigo que tienen una prima por pagar aquí sus impuestos. En otras palabras, que también fomentaría el empadronamiento en la ciudad.

Un paso en esta dirección se acaba de hacer en las piscinas municipales. Por primera vez habrá una tarifa para los vigueses y otra, sensiblemente más cara, un 33 %, para los demás. Ese mismo día Caballero anunció que el siguiente paso será con el billete de Vitrasa.

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