«Me ataron, me dieron un beso en la frente y las buenas noches»

El cura víctima de un atraco en su casa dice que no lo trataron mal

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Le ataron de pies y manos en su habitación, pero al menos no le agredieron e incluso lo trataron con cierto respeto. Jaime González Couñago, párroco de Pazos de Borbén (Pontevedra), recordaba ayer que los dos asaltantes que entraron en su domicilio la noche del pasado lunes podían ser todo menos sanguinarios.

Solo por el cuchillo de grandes dimensiones que portaba uno de ellos y sus caras tapadas con prendas parecía que aquello fuera un atraco, tras acceder dentro de la casa rompiendo con una piedra el cristal de la puerta de la entrada.

Cuando lo dejaron atado de pies y manos en la cama de su dormitorio uno de ellos le dio un beso en la frente y se despidió diciendo «soy cristiano, padre, no se preocupe usted, gracias y que pase una buena noche», recordaba ayer este sacerdote jubilado de 74 años, ya recuperado del susto, aunque aún con marcas en las muñecas.

El religioso pudo hablar tranquilamente con los asaltantes antes de que se huyeran de la casa. «Me hace usted el favor de encenderme la televisión», dijo ayer el clérigo que les pidió cuando ya lo habían atado. Los asaltantes accedieron, e incluso le preguntaron qué canal quería ver, a lo que él respondió que Antena 3. Los intrusos le prometieron que regresarían para soltarlo, porque solo querían tenerlo inmovilizado para que no llamara por teléfono y anulara la tarjeta de crédito que acababan de sustraerle y que horas después emplearon para sacar dinero en cajeros, hacer compras en gasolineras y pagos en prostíbulos de las cercanías. Sin embargo, no regresaron.

Doce horas en el suelo

El calvario del sacerdote empezó cuando le dejaron abandonado y sin poder moverse al estar inmovilizado de pies y manos con cables que le ataron fuertemente. Estaba postrado en la cama y cuando quiso cambiarse de postura se le cayó el mando a distancia de la televisión. Al querer alcanzarlo se fue al suelo, sin poder volver a incorporarse, y así quedó toda la noche hasta que, doce horas después, sobre las diez y media de la mañana del martes 29, llegó la señora de la limpieza, que se dio un gran susto cuando lo encontró en esa situación. El hombre seguía en el suelo con la cabeza debajo de la cama, a punto de perder la conciencia por los nervios y el frío que pasó.

Ahora solo desea que con los cuatro detenidos por el robo se haga justicia. «Querían oro y dinero y yo les dije que a buen sitio habían venido, porque aquí no hay ni una cosa ni la otra. Entonces les di unos 50 euros», afirmaba ayer. Irrumpieron en la vivienda sobre las diez y media de la noche, cuando el religioso ya se había acostado: «Sentí un topetazo impresionante y cuando salí de mi cuarto, ya los tenía de frente y pensé que esta para mí era la última».

El sacerdote destacó la labor de la Guardia Civil, que horas después del suceso ya había localizado el vehículo. «Son oro de ley», manifestó el cura. Lleva 41 años ejerciendo la vocación sacerdotal en Pazos de Borbén y, pese a que está jubilado, atiende dos parroquias. Ya le entraron dos veces a robar en casa, pero de día y cuando él no estaba. Una vez le llevaron una televisión y un vídeo estropeado. Es vez fue diferente, pero tuvo mucha suerte: «Ya me lo dijo el obispo: Jaime, has vuelto a nacer».

«Antes de escapar encendieron la televisión y me preguntaron qué canal quería ver»

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