El «Xurelo» vuelve a enfrentarse a la «balea negra» en el Marco

Manuel Méndez y Francisco Rodríguez recordaron ayer su aventura de 1981

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Desde comienzos de los años setenta de la pasada centuria, varios países europeos se deshacían de sus residuos radiactivos, arrojándolos a cuatro mil metros de profundidad, en bidones sellados con cemento, a un lugar del océano Atlántico situado a 400 millas de Fisterra. En septiembre de 1981, dos buques holandeses, Louise Smits y Kirsten Smits, zarparon con nuevos residuos hacia la conocida como Fosa atlántica. Sin embargo, en aquella ocasión habría testigos para denunciar ante el mundo aquellas prácticas.

Tres concejales de Vigo, A Coruña y Moaña, todos pertenecientes a Esquerda Galega, ante la imposibilidad de que un buque de Greenpeace pudiera acudir al cementerio radiactivo, fletaron clandestinamente un pesquero ribeirense, Xurelo, para mostrar la indignación de los gallegos frente a los peligrosos vertidos. Dos de aquellos concejales, Paco Rodríguez y Manuel Méndez, recordaron ayer su aventura en el Marco, ya que su historia fue incluida en la exposición A balea negra.

«Estabamos nun cemiterio de residuos nucleares moi perto das nosas costas e para o que non foramos consultados. Aínda hoxe, 2013, non existe consenso para facer un cemiterio de residuos en todo o Estado porque a xente considérao moi perigoso. Cada vez que o penso quen sabe en qué condicións estarán os bidóns depositados no fondo do mar hai máis de 30 anos e ninguén se preocupa de analizar esa contaminación», recuerda ahora Manuel Méndez.

Junto con ellos iban varios fotógrafos, un equipo de periodistas de La Voz de Galicia y un jovencísimo Manuel Rivas. Todos fueron testigos del vertido. La presencia de una fragata holandesa provocó el retorno, pero con el testimonio ya difundido a toda la sociedad. El recibimiento en Ribeira fue emocionante. Sin embargo, la expedición, junto con otros barcos, volvió a producirse al año siguiente.

«Pouco tempo despois o organismo internacional encargado do tema, reunido en Londres, acordou unha moratoria prohibindo as operacións dos vertidos no mar e anos máis tarde decretouse a paralización total. Galicia venceu na batalla, demostrando que o posible é moito máis do que un pode imaxinar», dice Manuel Méndez.

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