CONTRAPUNTO

Es corrupción

foto de Diego Pérez Fernández
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Aunque parezca mentira, la crisis ha traído algunas cosas buenas. Más solidaridad, por ejemplo. Y también una mayor intolerancia social con la corrupción. Hubo un tiempo en que se criticaba con la boca pequeña e incluso se miraba para otro lado cuando se hablaba de la financiación irregular de los partidos políticos, los enchufes en la Administración o el tren de vida de la Casa Real. No nos engañemos, había mucha permisividad porque las cosas funcionaban. Pero ahora ya no. Ahora millones de personas y familias lo están pasando tan mal que la corrupción indigna sobremanera. De ahí que se nos indigesten cada mañana las cuentas en Suiza de los Bárcenas y los Pujoles, los nepotismos de los Baltares, las operaciones de los Pokémon, los elefantes y los Urdangarines... Pero, por mucho que nos escandalicen las evidencias, sigue habiendo demasiada aquiescencia con las corruptelas que nos tocan de cerca. Y hacemos poco por erradicarlas.

Pensaba en ello a propósito de la última queja que ha lanzado en Vigo Esquerda Unida, única formación que ha subido en votos y que parece hacer una oposición que conecta con una parte creciente de la ciudadanía. Señala esta coalición que el mal llamado plan de empleo municipal es puro clientelismo. Lo es. Tan legal como poco ético. Millones de euros para hacer contratos a dedo, sin concurso público, sin garantizar la igualdad de oportunidades. Cualquier joven o desempleado de la ciudad debe saber que un padrino o una madrina son más decisivos que el esfuerzo personal a la hora de colocarse. Y lo peor es que esto no es nuevo. Quien conozca bien la casa consistorial sabe que dentro y en las concesionarias trabajan cientos de personas vinculadas a los partidos con representación municipal. ¿Qué nombre le ponemos a esta práctica?

diego.perez@lavoz.es