«En esa casa han secuestrado nuestras vidas y ahorros»

Uno de los guardeses afectados por la orden de derribo pide indemnización

Valoración Con: 1 estrella 2 estrellas 3 estrellas 4 estrellas 5 estrellas   votos ¡Gracias! Envíando datos... Espere, por favor.
Jaime Pérez recuerda que solo empezó a hacer su casa «cuando tuve todos los permisos y licencias»
Jaime Pérez recuerda que solo empezó a hacer su casa «cuando tuve todos los permisos y licencias»

«Si no hay más salida, que la tiren ya, pero que esto se acabe de una vez porque en esa casa están los ahorros de nuestras vidas, secuestradas también desde hace seis años». Lo suscribe Jaime Pérez González, dueño de una de las viviendas que la justicia ordena demoler en Camposancos al dictaminar que las licencias que en el 2007 expidieron tanto el gobierno local como la Xunta son nulas.

Las viviendas están en suelo rústico de especial protección recoge el fallo y no en núcleo rural, como consideraron el Concello y Medio Ambiente al conceder las pertinentes licencias, con todos los informes favorables.

Con ese argumento las dos administraciones recurrieron también al Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, pero su veredicto ratifica ahora la anulación de los permisos y ordena demoler las viviendas.

Este tiempo de recursos ha transcurrido muy despacio para la familia de Jaime Pérez ya que, según explica, han tenido que contar con ayuda médica para sobrellevar la situación. Por salud intentan pasar página. «Que nos indemnicen con lo que nos corresponda económicamente para poder seguir viviendo; el daño emocional no es resarcible, los ciudadanos estamos indefensos, a cualquiera le puede pasar esto y nada te ampara».

Jaime Pérez no era novato en estas lides. Por ello compró los terrenos supeditados a la licencia y no hizo nada hasta que el Concello y el servicio de Red Natura dieron luz verde al proyecto. Técnicos de este último, explica, «vinieron a ver la obra al mes de empezar, me dijeron que le diera un metro más hacia la carretera y así lo hice; me aseguraron que todo estaba bien».

«Yo no supe que las licencias estaban impugnadas hasta que fui a vender la casa», afirma. Desde entonces, en el 2008, ha pagado religiosamente los gastos corrientes habituales pero el sueño se convirtió en pesadilla porque no solo asume una casa abocada al derribo sino, su hipoteca, por lo que está atado de pies y manos.

A estas alturas se obliga a pensar en futuro pero considera que su presente podría haber sido distinto si se hubiera cruzado antes con Eulogio Abeleira. Resulta paradójico, porque se trata del particular que llevó al gobierno local al juzgado al desestimar este, por silencio, la revisión de las tres licencias. «Si se hubiera hecho caso a Abeleira, a mí ya no me habrían dado la licencia porque él ya había alertado el año antes, cuando Alonso Riego concedió la primera en la zona, así lo recoge explícitamente la sentencia dictada por el Contencioso», mantiene. Afirma que «jamás habría actuado sin tener todos los resortes administrativos y jurídicos que se suponían garantizaban los derechos de los vecinos; con que alguien me hubiera advertido ya no habría ni comprado los terrenos». «Mi ilusión siempre fue acabarla pero no fue hasta entonces cuando supimos lo que pasaba; yo no soy ningún banco, tengo que estar seguro porque en esa casa está la comida de mi mujer y de mis hijos», explica.

Se abre un nuevo capítulo, aunque el futuro es igualmente incierto para la familia. El Tribunal Superior de Xustiza ratifica tres derribos que deja en manos del Concello.

El dueño contaba con todas las licencias del Concello y Medio Ambiente

Más información Selección realizada automáticamente