LA BUJÍA

Políticos de museo

foto de Eduardo Rolland
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Es sabido que el edificio del Concello no lo firmó nadie en concreto. El proyecto, presentado a pleno en el año 1971, lleva la rúbrica de la Delegación Viguesa del Colegio de Arquitectos. Con este recurso, entre Fuenteovejuna y Poncio Pilatos, los artistas se lavaron las manos por la destrucción del castillo de San Sebastián y la erección del adefesio con torreón enhiesto de nueve alturas.

El horror se parece a la torre de Mordor, desde donde el ojo de Sauron contempla toda la ciudad.

Mires donde mires, estés donde estés, el Gran Concello te vigila. Photoshop debería crear un filtro para borrarlo de las fotos automáticamente. Y no es extraño que haya piñas en la ciudad para llegar a alcalde. El despacho de la Alcaldía es el único sitio de Vigo desde donde el Concello no se ve.

Gran particularidad de nuestra casa consistorial es que carece de salón de plenos. O, para ser más exactos, lo tenía, pero ha sido reconvertido en auditorio municipal. A finales de los ochenta, los políticos locales le cogieron miedo a sus conciudadanos. Y se negaron a celebrar los plenos en un lugar con tanto aforo y tan expuesto a las críticas.

Para huir del pueblo, los plenos comenzaron a convocarse en la Sala-Museo. Un espacio pequeño, escondido y con acceso restringido por la Policía. Es el lugar donde se siguen celebrando, después de algunas obras de adecentamiento.

Así que no debe extrañarnos el lío montado esta semana para restringir el acceso a los plenos, tras algunas protestas.

Nuestros políticos vigueses llevan años escondiéndose. Es su costumbre. Terminarán celebrando los plenos en el cuarto de las escobas, pero deberían responder a una pregunta: ¿Qué clase de concejales tenemos que tienen miedo de su propio pueblo?

eduardorolland@hotmail.com

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