LA TRAPALLADA

Sesión pública

foto de Ángel Paniagua Pérez
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Eso de las listas negras siempre ha estado revestido de un heroísmo casi mártir. En el Parlamento gallego las quiere poner de moda su presidenta, Pilar Rojo, pero en Vigo tenemos ya experiencia sobrada. Aquí las listas negras son un clásico de Abel Caballero. Antes de muchas sesiones plenarias del Concello, como la de ayer por la tarde, la policía cierra el acceso a la sala de plenos, pide a cada ciudadano que se identifique y revisa si su nombre está en una lista. Si aparece, no puede entrar. Igual no es una lista negra, nombre que al alcalde disgusta, pero un poco turbio sí parece.

Porque es lógico que te echen de un pleno si gritas, pataleas e insultas, como ocurre a veces. Pero es absolutista la lista preventiva, que por llamarte Fulanito te quedes fuera. Es mejor blindarse contra la participación de los ciudadanos. No sea que recordemos que las decisiones de este Ayuntamiento se toman a puerta cerrada. No sea que denunciemos que promueven chiringuitos gracias a planes de empleo de dudosa efectividad. No sea que empecemos a cuestionar la capacidad de algún concejal. Es mejor no responder a los ciudadanos, no escuchar sus quejas y luego protestar porque protestan. Eso es lo que pasa estos días en Vigo. La democracia es algo muy peligroso como para dejarla en manos de los ciudadanos.

Mientras, el PP a lo suyo. Y el Bloque abre la boca apenas. «O PSOE goberna grazas non sei a quen», afirmó esta semana la líder nacionalista. Iolanda Veloso levantó su mano el 11 de junio del 2011 en el auditorio del Concello para hacer alcalde a Caballero. Debe de ser que aquel mediodía de sábado, mientras el BNG anunciaba una oposición contundente, no era Iolanda Veloso la que se sentaba allí, sino ella disfrazada de sí misma. Aquel día, como obliga la ley, Caballero empezó el pleno diciendo aquello de «¡Sesión pública!». ¡Esa sí fue buena!

angel.paniagua@lavoz.es