«Antes de estrenar la ropa la tengo que lavar durante un año con bicarbonato»

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La sensibilidad química múltiple ha transformado radicalmente la vida de Gregoria Alonso. La necesidad de huir a toda costa de los productos químicos le ha obligado a adoptar unos hábitos de vida que podrían resultar extravagantes a quien no la conozca, pero que necesariamente tiene que llevar a cabo para poder alejarse de la enfermedad. Por ejemplo, no puede estrenar ni una sola prenda hasta que no haya sido lavada decenas de veces en la lavadora y con bicarbonato, puesto que el detergente le resulta peligroso. «La ropa la lavo durante un año antes de que pueda ponérmela, solo así se le va el olor», dice.

Las pocas veces que sale de su casa, cuando regresa tiene que desinfectarse completamente porque su sensibilidad le ha enseñado que los olores son pegajosos. «El olor se filtra por todo, te lo llevas puesto, pasas por un sitio que huele y te lo llevas puesto para casa», afirma.

Por ese motivo, nunca recibe a nadie en su casa. Su enfermedad le obliga a llevar una vida muy solitaria y a relacionarse poco. Ni siquiera le gusta asomarse por la ventana, porque al pie de la carretera PO-552, cerca de la factoría de Citröen, de la depuradora y de las industrias del entorno dice que el aire está muy viciado. «Aquí huele que te matas, están todo el día quemando», protesta.

Últimamente también percibe la sensación de que se ha fumigado cerca de donde ella vive, porque el aire «es más irrespirable que nunca».

«La vida se me hace muy dura», reconoce. Gregoria conoce a otras seis personas en Vigo que padecen su enfermedad, pero cree que son muchas más las que la padecen.

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