Los nacionalistas han decidido presionar al alcalde de Vigo en uno de sus puntos débiles como es el polémico recibo del agua en la ciudad. Desde hace dos décadas los consumidores vigueses abonan una cuota mínima de 30 metros cúbicos consumidos independientemente de lo que gasten. Se trata de un volumen muy elevado que la mayoría no alcanza; de esta forma se produce el efecto perverso de que el Concello de forma casi directa incentiva el despilfarro de agua.
Obviamente, se trata de una situación que beneficia a la empresa concesionaria, que ve incrementados sus ingresos. Por lo demás, el Concello se echó en brazos de Aqualia cuando hace un año le prorrogó el contrato de 2015 a 2020 sin resolver este asunto.
En estas condiciones el BNG, cuyos votos precisa Caballero para aprobar los presupuestos, acaba de exigirle que «presente de inmediato un proxecto de reforma da tarifa co fin de que poidamos estudalo todos os grupos políticos». Pretende, lógicamente, que sea una tarifa «máis xusta e equilibrada que tenda a premiar o aforro».
Este asunto fue debatido el año pasado al revisar las tasas para 2012 y se pactó la creación de una comisión municipal para estudiar el cambio del recibo. Un año después la comisión no se ha reunido ni una sola vez. Por este motivo PP y BNG aprobaron una moción en junio de este año, a la que al final se sumó el PSOE, para cambiar el recibo, pero todo sigue igual. De este asunto Caballero nunca acepta responder a los periodistas.
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