«En el segundo tiempo, ya con dos cero, hubo un momento en que pensé dirigirme a Venancio para colocarme de extremo, pero, como la ventaja era pequeña, desistí para no trastornar la buena marcha del equipo», respondió Manuel Fernández Fernández, Pahiño, al periodista. El redactor del decano trataba de encontrar una explicación a los cincuenta minutos que el jugador vigués había estado sobre el terreno de juego con una fractura en el peroné izquierdo por su parte inferior.
El extraordinario acontecimiento ocurrió el 17 de junio de 1945 en el Metropolitano, el terreno de juego del Atlético de Aviación, club antecesor del Atlético de Madrid. El Real Club Celta y el Granada se disputaban una plaza en Primera División. Los vigueses querían abandonar la Segunda División, mientras que los granadinos no tenían intención de dejar su plaza libre.
En un momento del partido, Pahíño recibió un plantillazo del rival Millán González que le causa un gran dolor al jugador de Navia, que se retira a la banda. Entonces, y hasta 1958, no estaba permitido realizar cambios durante los encuentros. Si un jugador no podía continuar, su equipo disputaba el resto del encuentro con un hombre menos.
Pahíño afirmó dos días después que no hubiese podido seguir si no fuese por Moncho Encinas, entonces entrenador del Real Madrid, que le realizó «un vendaje perfecto». «Me dolía bastante aunque todavía estaba en caliente», añadió el delantero. Y aún tuvo fuerzas para anotar, en el segundo período, dos tantos. El Real Club Celta acabó ganado por cuatro goles a uno y regresaba, por segunda vez, a la máxima categoría.
«Es posible», explicaba ayer Mario Galán, médico del Real Club Celta. «Siempre que la fractura no afecte al tercio medio, puede ocurrir, claro que no es habitual. Además, el jugador debe tener una gran capacidad de sufrimiento», añade el médico.
Y según las noticias de la época, la fractura se produjo en la parte inferior del peroné, en esa imprecisa zona que los no doctos en medicina pueden llamar tobillo. Para mayor estabilidad del jugador, recibió el vendaje preciso para aguantar hasta la conclusión del encuentro.
Sanatorio de O Castro
Cuando acabó el partido, el jugador no fue llevado inmediatamente a un hospital. De hecho, la expedición celeste emprendió el viaje de retorno en ferrocarril. Ya en Vigo, mientras la ciudad se echaba a la calle para festejar el triunfo céltico, el doctor Andrade Cimadevila, del Sanatorio de O Castro, dictaminaba la fractura de peroné.
Tres meses después, el mismo médico afirmaba en El Pueblo Gallego: «Pahíño hace ya vida normal, realizando, por mi autorización, marcas y carreras ligeras». Cuando el periodista le preguntó por los plazos de vuelta a los entrenamientos, el médico calculó quince días más.
Y la prueba definitiva llegó el 29 de septiembre. Bajo la supervisión de Armando Márquez, el masajista del club, Pahíño realizó una sesión en la que golpeó un balón especial, «ligerísimo y recubierto debidamente». El delantero centro golpeó con fuerza el balón con su pie derecho, pero se reservó el otro. La prueba fue satisfactoria.
Aprovechando el viaje que el equipo realizó a Barcelona para jugar contra el Español, Pahíño se sometió a una revisión en una clínica catalana. Los resultados de las pruebas a las que fue sometido fueron satisfactorias. El regreso del delantero centro se produjo el 21 de octubre. Aquel domingo, el Real Club Celta recibía en Balaídos al Alcoyano. El once celeste endosó seis goles al equipo rival y Pahíño se encargó de conseguir la mitad de los tantos.
Dos veces Pichichi
El jugador estaría cinco temporadas en el Real Club Celta, en las que marcó 56 goles. En su último año en Vigo, Pahíño logró el Trofeo Pichichi, al conseguir 23 tantos en 22 encuentros. Se da la circunstancia de que el deportista de San Paio de Navia volvió a ser el máximo goleador de Primera División en 1952, ya en las filas del Real Madrid. Los dos únicos jugadores nacidos en Galicia que han conseguido semejante distinción han sido Pahíño y Amancio, ambos por partida doble, aunque el coruñés lo logró las dos veces en las filas del Real Madrid.
Tras su paso por la capital, el vigués recaló en el Deportivo de La Coruña y concluyó su carrera en el Granada.