«A ver si ahora descansamos»

Los vecinos de la calle Pino acogen con alivio el cese de las perforaciones de las tuneladoras del AVE tras semanas de temblores y ruidos nocturnos

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El pasado viernes, día en que las autoridades celebraron la llegada de la tuneladora A Lebre a Vigo, uno de los asistentes gritó: «Viva el AVE» y un humilde vecino le replicó: «Al fin podremos dormir». El barrio había vivido toda la semana en un infierno.

El vecindario del entorno de la calle Pino sufrió en silencio el atronador ruido de las máquinas que horadaron la salida de un túnel de 11 kilómetros que une Vigo con Redondela. Desde Navidades, sentían como el ruido avanzaba hacia sus casas, día y noche. «Era un continuo ruido ensordecedor de fondo, yo encendía la televisión pero lo oía igual, dormía y el sonido continuo seguía», relata la vecina de un primero de la calle Pino.

La tuneladora fue primero tema de conversación entre las vecinas a la hora de la compra pero luego pasó a indignación e incluso protesta. Un residente que está enfermo y vive en el portal número 99 relata que «aquí notábamos como la tuneladora andaba por debajo y me temblaba la cama». Este inmueble colinda con las obras y con una grúa-excavadora que sobresale sobre las casas de planta baja que bordean la antigua vía férrea, ahora desviada hacia la estación provisional de Areal. «Antes oía pasar los trenes, ahora oigo este estruendo», comenta Carmen Pérez, de la calle Hortas.

Alguna gente llamó a la policía desesperada por los ruidos y, según dice un vecino, los agentes fueron a la obra y, pasado un rato, se marcharon y todo siguió igual. Esa obra no era como las otras, no se podía detener.

Las juntas de las comunidades hablaron del tema pero poco se podía hacer ante unos trabajos que parecían imparables. La palabras progreso y AVE suenan como un talismán mágico incluso en el barrio más humilde. Algunos, como una vecina del número 89, acabaron por claudicar: «No protestamos porque tampoco valía la pena». El barrio calló y el silencio dejó hacer al ruido. «Son obras necesarias, qué le vamos a hacer», admite Carmen Pérez.

La farmacia de la calle Pino, 136, también está ubicada sobre el túnel en excavación y no escapó a sus efectos. «Esto temblaba», dice la auxiliar de farmacia Cristina García. La primera tuneladora, A Miñoca, la escucharon bastantes días y de forma continua. La segunda, A Lebre, que iba más retrasada y había estado en el taller, paraba más veces, una tarde funcionaba, otra no. El estruendo subterráneo de las cuchillas de la máquina contra la roca «hacía vibrar los cristales y movía las cajas colgadas», relata la dependienta. Pero ello no aumentó la venta de tapones de oídos.

Los vecinos que compraban a la farmacia se quejaban de que las máquinas no paraban ni por la noche. «Trabajaban hasta de madrugada», dice la auxiliar.

Barrio en demolición

La vecina del primero del número 113 señala desde un callejón a una grúa-excavadora de 50 metros de altura, situada en un barranco tras unas casas con huerto. «La cambiaron de sitio, llevaba ahí toda la semana», comenta. «Yo me daba cuenta cuando la tuneladora estaba abajo, no hacía falta mirar», recuerda.

Fueron varios meses de trabajos subterráneos en un barrio rural situado en una zona céntrica y en franca demolición. Las promotoras han comprado muchos solares, hay casas en derribo, otras a la venta, y algunas, como las de San Lorenzo y aledaños, han sido partidas por el avance las obras, que han excavado un enorme socavón para servir de vía auxiliar a las obras del AVE.

El túnel se ha concluido con éxito y ayer, por primera vez en una semana, los vecinos pudieron dormir en paz. No todos creen que esto haya acabado. Quien duda es una viguesa que vive en un inmueble situado bajo la boca del túnel: «A ver si ahora descansamos».