Las cifras hielan el futuro de Vigo

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Empresarios, sindicalistas y políticos confiesan en sus conversaciones y análisis privados estar sintiendo una creciente preocupación, que roza incluso en el temor, por la evolución negativa que viene arrastrando sin freno la economía de Vigo. Da igual la adscripción ideológica del interlocutor, ya que en general se observa con inquietud y hasta miedo que la ciudad se haya convertido en la capital gallega del desempleo, con casi uno de cada cuatro de sus trabajadores en paro. Y podría pensarse que es un mal con dimensiones generalizadas en el conjunto de la comunidad, por ejemplo, pero no es exactamente así. Y no lo es porque una de cada tres personas que dejaron de trabajar en Galicia en el último trimestre acabó en las filas de las oficinas de empleo viguesas. Es decir, el 33 % del paro gallego se genera y se sufre en Vigo.

Es la cifra de desempleo más alta que la ciudad haya sufrido nunca en su historia, apuntan ya analistas sindicales, que atribuyen al miedo a perder el trabajo y al perjuicio que tendría para muchos empleados hacer frente a descuentos en sus nóminas, el hecho de que no hayan empezado a surgir más focos de protesta y exigencia social.

¿Estamos pues peor que nuestro entorno? Las frías cifras, más bien heladas, dicen que sí. Las del paro claramente. En Vigo el 23,1 % de sus residentes en activo, no trabajan, mientras que esa cifra cae en Santiago al 17,4 y en A Coruña al 14,3. El riesgo de pobreza es hoy 4,1 puntos mayor que el de la ciudad herculina, por ejemplo. El ingreso medio por hogar es 392 euros menor cada mes que el de una familia tipo compostelana, que son las que más dinero ganan en Galicia. Y en edificación, un medidor todavía clave en la interpretación de riqueza y actividad económica, Vigo, aunque tiene tres veces más superficie que A Coruña, ha levantado en los últimos once años 3.039 viviendas menos que el termómetro del norte con el que solemos comprobar nuestra temperatura.

En el terreno de las infraestructuras, es mejor no hacer comparaciones y solo ver como la alta velocidad ya conecta otros puntos de la comunidad; como el puerto pierde peso incluso para la UE, o Peinador va camino de volver a las cifras de usuarios de los años noventa.

Pero todo ello forma parte del análisis, porque regodearse en las cifras no va a aportar soluciones. Vigo tiene un futuro helado por las estadísticas, pero hasta las más tozudas acaban por remontar. Es quizás por ello el momento en el que la ciudad debe elegir con más tino sus prioridades; defender con más coherencia social y menos estrategia partidaria las soluciones para sus necesidades, y sobre todo pensar en que acabar con el desempleo debe ser una obsesión, por el 23,1 % que está en paro y los que lo pueden llegar a estar.

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