Triple campeón del mundo de piragüismo sin padrino


tui / la voz 26/11/2011 06:00 h

Los méritos deportivos del piragüista tudense Manu Garrido, populares e internacionalmente laureados no se limitan solo al medio acuático. Campeón del mundo en los últimos tres años en la categoría sub-23; está además pendiente, a quince días de su 23 aniversario, de poder despedir el 2011 con un cuarto título que se disputa ahora en los tribunales deportivos. Tiene por bandera el apoyo incondicional en su ciudad natal pero sobre tierra firme rema casi en solitario sin padrino.

Reconoce que el respaldo de los tudenses, de su club Kayak y su pasión por el piragüismo son sus grandes aliados en la canoa pero él también tiene que hacer cuentas. Y los resultados están tan lejos de su currículo que casi son inversamente proporcionales.

El tricampeón del mundo de piragüismo no tiene más patrocinador que el apoyo de una empresa portuguesa. Manu Garrido confirmaba ayer que «llevo dos años con esta empresa lusa de hélices portuguesa, pero realmente la única forma posible de seguir remando es con alguna ayuda». Siempre odiosas las comparaciones, aunque sea entre deportes, como el fútbol o el tenis, donde los títulos también valen papel timbrado. Pero sorprende aún más el desfase ya que, defendiendo y perteneciendo a la meca nacional del piragüismo, el único nombre de la comunidad autónoma que pudo lucir en la camiseta con la que conquistó el campeonato de Singapur no fue el de Galicia.

Como miembro de la Federación Española llevaba el logo de Castilla-León en la camiseta. La única ayuda institucional que ha percibido de la Xunta el tres veces campeón del mundo, y por ser «deportista gallego de alto nivel» es inferior al salario mínimo interprofesional y se percibe en una sola paga anual. «La ayuda de la Xunta que he recibido este año, promovida por la Federación Deporte Gallego fue de 400 euros», explicó el palista tudense.

No proceden más cuentas. Manu Garrido, que no tira la toalla pero sí de su negocio de restauración, al que además le roba casi todo el tiempo para entrenar, no solo busca un patrocinador para él porque, asegura, «hay que reivindicar un apoyo para todos los profesionales de Galicia, donde hay muchos internacionales». La experiencia del joven, que sobrevive con becas del Gobierno central le obliga a reconocer que «es una vergüenza no poder vivir del deporte».

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