A espada, florete o pistola

La sociedad viguesa se organiza para pedir el fin de los duelos de honor


vigo / la voz

eran otros tiempos octubre 1906

La muerte de un periodista aragonés durante un duelo provocó en toda España una corriente masiva de oposición a este antiguo método de defensa del honor. El 31 de octubre de 1906 los salones del Casino acogían una reunión destinada a constituir la junta local antiduelos de Vigo. La convocatoria había partido del barón de Albí, un noble catalán embarcado en un cruzada contra los combates singulares, que había constituido la Junta Central Antiduelos, en la que el rey Alfonso XIII ocupaba la presidencia de honor.

El Código Penal de 1870 proscribía el duelo aunque el rigor de las penas no se correspondía con su aplicación. Además, contemplaba circunstancias atenuantes que permitían de hecho la celebración de cualquier desafío. En este marco legal, no eran pocos quienes dirimían sus diferencias a espada, florete o pistola. Los periodistas constituían un permanente objeto de reto por parte de personajes públicos, que no permitían la mínima crítica. Pero no se escapaban tampoco literatos, como Valle-Inclán o Espronceda; o políticos, como Romanones y Lerroux; incluso, generales, como Weyler, Sanjurjo y Primo de Rivera.

Barón de Albí

La sociedad viguesa respondió a la convocatoria del barón de Albí. Explicó este que la junta central había requerido al presidente del Consejo de Ministros que las autoridades impidieran por todos los medios la celebración de los duelos; que se aplicase una rigurosa vigilancia y se prohibiese la publicación de noticias relacionadas con ellos; y que el Gobierno confeccionase una ley de difamaciones que proporcionase castigos ejemplares a los injuriosos. La demanda había sido suscrita por todas las juntas y comités de la Liga Antiduelos de España, por 232 directores de periódicos y por 480 sociedades, entre las que se encontraban los colegios de abogados, cámaras agrícolas y un largo etcétera.

Albí había llegado dos días antes a la ciudad y se hospedaba en la finca de A Pastora, propiedad de los condes de Priegue. Tuvo tiempo para conocer los alrededores de las ciudad que, pese al mal tiempo reinante, elogió durante el transcurso de la reunión. «Queremos que como hombres formales, cultos y de honor se ventilen nuestras cuestiones en armonía con la civilización moderna», expresó el barón a la concurrencia.

Al final del encuentro se constituyó una comisión con la finalidad de crear la junta de Vigo. Las personas encargadas fueron Ángel Núñez, Víctor Montenegro, Augusto Barcena, Manuel Sitjá, Enrique Pereira Borrajo, Manuel Posada, Fernando García Arenal, Joaquín Botana y Pedro Vázquez de Puga. En todas las sociedades y redacciones de periódicos de la ciudad se colocaron listas para recoger adhesiones.

Días más tarde, el 26 de noviembre quedaba constituida la junta, cuya directiva fue presidida por Augusto Barcena, acompañado por Ángel Núñez, Manuel Sitjá y Pedro Vázquez.

El médico retador

Curiosamente, una de las escasas referencias a duelos que nos ofrece la historia de Vigo aconteció ocho años después y fue recogida por el historiador y periodista Gerardo González Martín en su libro Titanes del viguismo. En 1914 solo las familias más pudientes de la ciudad disfrutaban de traída de agua en sus domicilios. Una negligencia en el abastecimiento provocó una epidemia de tifus que provocó varios muertos. Un médico llamado Nicolás Paz Pardo retó al director de la compañía de aguas, Luis Suárez-Llanos, por considerarle responsable de la muerte de su hija. Añade, Gerardo González Martín en su obra que no hay constancia de que el duelo llegase a producirse.

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