«¡Mira, está aquí la presidenta!»

Corina Porro visitó la lonja de Vigo y aprovechó para contestar a las dudas de «la gente del mar» sobre el futuro del puerto


Corina Porro y las pescantinas se citaron para la próxima semana. Este grupo de trabajadoras minoristas pidieron a la presidenta del puerto una reunión para discutir su situación. Porro quedó con ellas en el momento para que se citasen dentro de una semana | Fotos: Gustavo Rivas

Más de cien especies. Se prevé que en la lonja se descarguen cerca de 130 especies distintas de pescado

212 millones de euros. El negocio de la lonja se basa en la subasta. Solo la pesca fresca movió en el 2008 un volumen de negocio que ascendió a los 212 millones de euros.

Explicaciones. Los responsables de la lonja se encargaron personalmente de hacer una visita guiada a la presidenta, explicándole el funcionamiento de cada una de las instalaciones del puerto que abarca desde la descarga hasta el tratamiento de los desperdicios.

Con un maquillaje impecable, unos pantalones ajustados y unas botas vaqueras de piel. Así se presentó Corina Porro a las seis de la mañana en punto para visitar la lonja de Vigo. «¡Mira, está aquí la presidenta!», comentaban las personas mientras abrían camino para que Corina pasase por el medio de la subasta. Se movía con una sonrisa gigante saludando a todos los que se atreviesen a cruzar la mirada con la suya.

Entre besos, abrazos e íntimos saludos, la gente aprovechaba la visita para protestar y Corina encontraba para cada uno la solución más adecuada. «Vaya a la planta ocho del Ayuntamiento y diga que viene de mi parte que allí lo ayudarán», contestó la presidenta a las dudas de un pescador sobre «unos documentos» de los que no se enteraba. Ya con las pescantinas que manifestaron interés de reunirse con la presidenta, Corina quedó con ellas en el momento para una «reunión la próxima semana».

«Bueno verte por aquí cuando no hay campaña», le decían los empleados. Comentario para el que la presidenta tenía ya una respuesta ensayada: «Apareceré cada poco tiempo», es decir, «cada dos o tres meses».

Mientras las horas iban pasando y la luz del día empezaba a iluminar el puerto, Corina Porro se fue adaptando mejor a la vida portuaria. Se animó a saltar cajas y cables para observar las descargas de los tiburones y hasta se arriesgó a coger un pescado para comprobar su calidad.

Después de visitar las instalaciones del puerto, Porro concluyó que «este contacto directo con la gente del mar es imprescindible». Y además: «Es muy bonito el amanecer en el puerto, ¿verdad?».

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