Monolito de Nouvel

Una piedra en el camino

Ni PSOE ni PP tienen voluntad de cumplir el plan Nouvel, pero unos lo agitan políticamente y los otros intentan que se olvide


Un dirigente socialista gallego reconocía esta semana que su partido está intentando convertir el monolito de Nouvel en la piedra en el zapato con la que desestabilizar el recorrido de Corina Porro hacia su candidatura a la alcaldía de Vigo. Es más, en el entorno de Abel Caballero se admite también que es el propio alcalde el menos interesado realmente en que la ex regidora ponga en marcha el plan diseñado por el arquitecto francés, al estar seguros de que Porro acabaría por introducir los suficientes cambios como para limarle todas las referencias que recordasen a Caballero y poder hacerlo propio.

«Él no quiere que la señora Porro pueda apuntarse el tanto y hacerse la foto colocando la primera piedra y poniendo en marcha un proyecto que sus antecesores lo limitaron a la maqueta y las infografías», argumentan las mismas fuentes.

En la otra orilla política se utilizan similares argumentos para rechazar la idea de Nouvel. Los populares no quieren que la idea de Caballero vea la luz y que el alcalde se convierta en el padre del que podría ser el mayor icono de Vigo de las próximas décadas. Por ello insisten en que es inviable, que necesitaría de un relleno considerable para asentar y asegurar el monolito, que no habría demanda para ocupar las oficinas en su totalidad y sobre todo que el puerto necesita de otras realizaciones más perentorias y vitales para el desarrollo normal de la actividad portuaria.

Así es que ni PSOE ni PP quieren de verdad el monolito de Nouvel y la diferencia es que los socialistas quieren mantener el debate vivo para evidenciar ante la opinión pública viguesa que es Porro quien desecha la idea, mientras la presidenta del puerto trata de enterrarlo, como ella misma dijo, para acabar con la polémica y evitar el cuerpo a cuerpo pretendido por los socialistas. Estos siguen ideando como mantener con vida el debate y quizás en los próximos días, además de sugerencias a los medios, prosigan con comparecencias públicas en defensa del monolito. Están buscando voluntarios, de hecho. Por eso en el propio PSOE no dudan en señalar que lo más rentable para Corina Porro sería mantener con respiración asistida el proyecto del arquitecto francés, como hizo Jesús Paz después de chocar con el muro de Caballero nada más estrenarse en el sillón caliente de la Autoridad Portuaria. Recordarán que Paz en su primera visita a la alcaldía quiso poner fin también al rascacielos de Nouvel aludiendo casi al mismo argumentario que ahora desarrolla Porro. Su pretendido enterramiento de la idea del arquitecto premiado con el Pritzker le supuso algún que otro tirón de orejas desde su partido, y por eso reconvertió su idea inicial de acabar con el legado de Caballero para pasar a recortarla dejando la polémica torre en la mitad de su volumen constructivo, borrando el hotel de lujo de la faz del monolito y sobre todo poniendo en la cima del coloso de 117 metros una torre de telecomunicaciones. Total, sabía que él no lo vería como responsable del puerto.

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