«De niño tenía obsesión por dibujar barcos, tanques y todo tipo de armas»

El músico y diseñador gráfico, que prepara nuevo disco con los High Sierras, recuerda cómo se enganchó a la música escuchando «Sweet Jane», de Lou Reed, a los 12 años


Rubén Suárez Sousa (Vigo, 1973) pertenece a una estirpe que a buen seguro habrá hecho pasar momentos edificantes y entretenidos a cientos de personas. Es el penúltimo de cinco hermanos de los que heredó, además de la ropa, su afición por la música. «Aunque mis padres tenían muchos discos de música ligera, orquestas y big bands, mis hermanos fueron pieza clave en mi inmersión. Crecí entre discos de Glam Rock , los Beatles, los Stones, Elvis... El veneno me vino inoculado desde que nací». Rubén, que aunque no se considera un tipo muy ordenado, sí es muy metódico para los temas que más le interesan y acostumbra a anotar fechas y lugares en los que compró casi todos sus discos, que son miles, porque es un ejercicio que luego le ayuda a ubicarse en momentos del pasado. Sin embargo, no necesita consultar cuándo se compró el primero: «Fue en 1985, a los 12 años. Mi hermano Nelson me acompañó a El Corte Inglés y me sugirió el Rock & roll animal , de Lou Reed. Recuerdo aún la sensación de escucharlo por aquellos cascos con forma de teléfono que tenían entonces. Me entró el gusanillo de verdad. Fue después de escuchar los primeros acordes de Sweet Jane , tras la intro instrumental. Cuando empezó el riff , entré en una especie de trance que se me erizó el vello por todo el cuerpo y dije ¡lo compro! Ahí empezó una caótica trayectoria consistente en no ahorrar nada y gastarlo todo en discos», reconoce.

La saga Suárez

Rubén se estrena como hombre casado y también estrena casa. El salón está presidido por una enorme réplica del submarino amarillo de The Beatles, que durante diez años decoró La Caverna, uno de los mejores bares de rock & roll de Vigo que cerró hace tres años, y que llevaban sus hermanos Nelson y Orlando. La pequeña, Susana, pinchaba allí en ocasiones, y el mayor, Óscar, director y guionista además de actuar disfrazado en el programa de cine de la TVG, era cliente asiduo.

Pero toca ahora hablar del padre, Emilio, que fue el Isaac Peral de ese submarino que acabó en casa del benjamín de los chicos. «Es un manitas. Tiene arte para todo lo que requiera pericia. Tiene ahora 84 años y ha hecho de todo. Ha sido zapatero, fontanero, maestro vidriero, instalador de estructuras de aluminio y madera... Un día le dijimos que nos hiciera un submarino, porque el primero que hubo en el bar era de poliespán y duró menos de un año. La gente se lo 'comía' por las noches. Lo hizo con material que encontró por ahí: chapa, madera para el armazón, espejos, latas de refrescos recortadas y duchas de teléfono para los periscopios. Orlando se encargó de pintarlo».

Rubén empezó a estudiar Ciencias del Mar, pero al cuarto año lo dejó. Como diseñador gráfico y músico que es, a Rubén se le multiplican las aficiones. Formó parte de bandas como Foggy Mental Breakdown, Doctor Five, Los Tres Sudamaricones y actualmente milita con su guitarra en High Sierras, con dos discos editados (en cedé y por supuesto en vinilo), y uno en puertas.

Fan de Screaming Lord Sutch

Sus grandes referentes se ubican junto a los Beatles, los Stones, Small Faces o Rod Stewart, además de Dylan, Birds, Buffalo Springfield o Neil Young. Pero la anécdota más suculenta se la proporcionó Screaming Lord Sutch, difunto y extravagante personaje representante del rock & horror : «Cuando los Foggy nos vestíamos en plan siniestro, con ropa negra y escupiendo sangre, fuimos a tocar a un bar en la illa de San Bartolameu. Sus propietarios, Montse y Santi, nos cuentan que en su último viaje a Londres, vieron en Portobello que había una pila de enseres personales que su mujer estaba tirando a la calle después de una tremenda discusión. En medio de la rapiña general se hicieron con algunas cosas como ropa, discos, vídeos o un álbum de fotos. Al ver lo emocionado que estaba yo con la historia, me regalaron varios objetos que conservo entre mis 'tesoros'».

La música es su pasión, pero también lo es el diseño gráfico, su profesión. Desde niño «hacía garabatos y tenía obsesión por dibujar barcos, tanques y cualquier tipo de arma. Era muy belicoso», recuerda. Empezó por afición y terminó convirtiéndolo en su trabajo. Con los grupos siempre hacía los carteles de los conciertos y editó un magazine junto a Roberto Argüelles, uno de los tres socios en la empresa de diseño que ocupa casi todo su tiempo, Búnker Graphics. El otro socio, Paulo Pascual, que también estaba en Foggy, completa este trío que tiene como imagen una nave espacial en la que Rubén Suárez es Obi-Wan Kenobi, como el personaje que más le gusta de La Guerra de las Galaxias , «Alec Guinness en la primera trilogía», puntualiza.

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