Alan Turing fue uno de esos hombres pasan por el mundo marcando un antes y un después gracias a su manera de entender las cosas. Matemático, filósofo, científico y criptógrafo, Alan Turing podría responder tanto a la denominación de padre de la informática moderna, a la de precursor de la ciencia de la computación o a la de pionero de lo que hoy entendemos como Inteligencia Artificial. En el centenario de su nacimiento, que se celebrará este sábado, diferentes instituciones, museos y organizaciones se vuelcan en honor del científico inglés homenajeándolo con actos, congresos, conferencias o exposiciones, como la que acoge el Museo de la Ciencia de Londres, que hace un recorrido por los principales éxitos de su carrera.
Alan Turing nació el 23 de junio de 1912, un genio que, ya desde niño, mostró al mundo su habilidad con los números y su interés por las matemáticas. Prodigio desde la infancia, aprendió a leer solo, le fascinaban los rompecabezas y con 16 años ya analizaba con rigor los trabajo de Albert Einstein. Fue en esta época cuando Turing conoció al que sería su primer amor, su amigo Christopher Morcom, que murió repentinamente en 1930, un episodio que marcó de forma traumática al matemático inglés. Desde entonces Turing dio la espalda a la fe religiosa, se convirtió en un ateo convencido y se obsesionó a raíz del trágico suceso con entender los procesos mentales del ser humano. La idea de la mente como una máquina artificial inteligente comenzó a tomar forma en su cabeza en esta época, poco antes de que Turing se graduase con honores en el Kings College de Cambridge. Dos años más tarde, este genio de la informática sentó las bases teóricas de la computadora con su estudio de los números computables, el pistoletazo de salida para la carrera mundial hacia la primera computadora.
La primera máquina que el matemático británico ideó era un modelo matemático abstracto que define un sistema de escritura / lectura que determina los conceptos computacionales de input, output y algoritmo y establece las bases lógicas para desarrollar los primeros procesadores o cerebros artificiales. En el año 1945 Turing quiso ir más allá y diseñó el aparato: la Máquina Turing. En 1950 se completó totalmente la computadora, la más rápida del planeta durante años.
El científico que ayudó a ganar una guerra
Cuando se desató la Segunda Guerra Mundial, Turing fue reclutado por el gobierno británico para que, con su talento y sus conocimientos, intentase descifrar los mensajes que los alemanes encriptaban con su famosa máquina Enigma. Contra todo pronóstico, Alan Turing consiguió crear un aparato capaz de vencer al monstruo alemán, averiguando su sistema de encriptación y descifrando todas las estrategias nazis, lo que otorgó al bando aliado información esencial para ganar la guerra.
Turing no se cansó de investigar tras el triunfo sobre los códigos matemáticos de los alemanes. El científico británico continuó dándole vueltas a las matemáticas, pero esta vez combinándolas con la biología y consiguiendo alteraciones de patrones como las rayas de los tigres o las manchas de los leopardos.
Imputado por ser homosexual
La brillante carrera profesional de Turing acabó siendo eclipsada por su vida personal cuando, en 1952, durante la investigación de un robo del que el matemático fue víctima traicionado por uno de sus amantes, Alan reconoció su homosexualidad. Inmediatamente fue imputado por «indecencia grave y perversión sexual» y sometido a un tratamiento médico de castración química. Su muerte también estuvo se vio envuelta por circunstancias extrañas. El padre de la computación falleció en 1954 después de ingerir una manzana contaminada con cianuro. Hay quien cree que fue mala suerte, otros asesinato y hay quien considera, después de las circunstancias que rodearon a Turing durante sus últimos años de vida, que el científico optó intencionadamente por el suicidio.