Hope Jahren: «Investigando las plantas podemos saber cómo será nuestra vida dentro de doscientos años»

La «madame Curie de la botánica» trabaja intentando reproducir, en laboratorio, qué le sucederá a la naturaleza en las peores condiciones a las que podamos someterla

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27/03/2017 11:52 h

La crítica más temida del «New York Times» dice que este libro, en castellano «La memoria secreta de las hojas», ha hecho por la botánica lo que los ensayos de Oliver Sacks hicieron por la neurología. La geobióloga Hope Jahren cuenta que tuvo la suerte de tener un padre científico que le «enseñó durante cuarenta y dos años seguidos los rudimentos de la física y de las ciencias de la Tierra».

Consagrada a la ciencia, Hope Jahren (Texas, 1969), con su bestseller es una de las representantes de la literatura del cambio climático y una de las cien personas más influyentes del mundo, según la revista Time. que la ha calificado como «la Madame Curie de la botánica». Esta brillante escritora e investigadora tiene en su laboratorio la Caja de Pandora del cambio climático, fenómeno sobre el que investiga.

Esta geobióloga e investigadora Hope Jahren es, por cuna, hija de la ciencia ya que tuvo un padre científico que en su laboratorio e enseñó durante cuarenta y dos años «los rudimentos de la física y de las ciencias de la tierra». Por eso en su mente se forjó crear el suyo propio haciendo que el motor de las plantas, una máquina inventada hace más de cuatrocientos millones de años y que para ella es el centro del universo, fuera también el motor de su autobiografía, que narra desde el talento de una joven brillante.

Sus azarosas contiendas con la carrera científica las cuenta ávidamente en La memoria secreta de las hojas (Paidós, 2017) libro del que la crítica más tenaz dice ha hecho por la botánica lo que los ensayos de Oliver Sacks hicieron por la neurología y Stephen Jay Gould por la paleontología. Por eso esta Lab Girl (chica de laboratorio), título que da nombre a su versión original, ha recogido el Premio Nacional del Círculo de Críticos del Libro en la categoría de autobiografía, que se une a la lista de los tres premios Fulbright en geobiología y la Medalla para Jóvenes Investigadores en Ciencias de la Tierra siendo la única mujer a la que se le ha otorgado. Poniendo el dardo en la palabra, Jahren denuncia en sus memorias la periferia de la ciencia como el acoso sexista que sufren las científicas por sus colegas, la marea burocrática en la que se debate para sacar a flote una nueva investigación y el sueldo de sus compañeros, o los recortes presupuestarios que sufren las ovejas negras de «la ciencia del conocimiento y la curiosidad» en la que ella se sitúa, la paleontobiología, en beneficio del las partidas asignadas a la defensa o los dinosaurios. Y por si esto fuera poco, otro de sus caballos de batalla es Trump y su negacionismo del cambio climático al cual combate desde las redes. Pero además Jahren explica desde el laboratorio de sus libros y su alma de geobióloga cómo sobreviven los cactus, cómo las plantas se comunican subterráneamente a través de sus raíces y por qué son mucho más que alimentos, medicinas y madera. Porque esta científica comprometida cree que alimentando el saber, nutrimos el alma.

?¿Resulta difícil influir para conseguir un mundo más verde y saludable?

-Estudiar las influencias que tendrá el cambio climático es algo agradable porque la gente sabe que la agricultura es importante. Las personas valoran también los bosques y tienen buenas sensaciones y sentimientos hacia la naturaleza porque les recuerda por ejemplo a las vacaciones y su infancia por lo que no es difícil convencerles de que la naturaleza es algo de lo que debemos ocuparnos. Muchos incluso son entusiastas del medio ambiente. Lo que es difícil comunicar es que todos nosotros tomamos decisiones que comprometen la naturaleza y es complicado enseñarles que estas elecciones no son ni correctas ni incorrectas.

-¿Y qué consideraciones hay que tener en cuenta?

-Tenemos que cultivar la tierra para obtener alimentos, pero ¿es necesario cultivar la tierra para alimentar a los animales y luego utilizar a esos animales para alimentar a las personas? Cuando talamos árboles para cultivar comida ¿realmente importa si esa comida es para alimentar personas, para alimentar animales o para alimentar un coche? El daño es el mismo.

-Esto es lo que está pasando ahora con los biocombustibles

-Exacto. Cada metro cuadrado que cultivamos es una opción. Así que aunque a las personas les gusta la naturaleza, la valoran y quieren protegerla, necesitan ser conscientes de las decisiones y opciones que toman y comprometerse a participar en debates difíciles sobre los pros y los contras. Pero mientras solo haya gente que se dedique a dar sermones sobre cuáles son las opciones correctas todo se reducirá a una lucha entre el bien y el mal, entre lo que está bien y lo que está mal, y eso nos seguirá manteniendo estancados en estos temas. Por eso tenemos que ser capaces de ser más analíticos y considerar toda esta complejidad.

-¿Este género literario pretende más entretener o concienciar?

-Cuando la educación se presenta de forma correcta consigue ambas cosas. Yo no quiero decir que entretenga ofreciendo una distracción sin más sino que entretengo con mi literatura porque hago sentir en el lector que está aprendiendo algo que no sabía antes y esto le hace crecer. Y yo intento en el libro ofrecer ambas cosas: dar más información y al mismo tiempo abrir el abanico de sentimientos respecto a estos temas científicos y medioambientales.

-¿Hasta qué punto se ha olvidado el hombre de la Tierra y se ha desconectado de ella? -Creo que este proceso de sensibilización del hombre sobre el mundo natural forma parte de los déficits que tiene el sistema social al que pertenecemos que valora el dinero, los beneficios y el poder por encima de todo. Así que muchas de las cosas que yo hago consisten en despertar esa conciencia sobre la naturaleza porque lo que veo es que la gente ya no busca algo material sino algo que alimente su alma. Aunque yo no tengo todas las respuestas sí puedo enseñarles cómo se llaman las plantas, cómo se cultivan, por qué crecen o no, y he comprobado que este conocimiento ha servido para saciarles ese hambre ya que lo material no funciona. Así que este es el mejor consejo que yo puedo dar y lo mejor que tengo para compartir, y creo que merece la pena porque a veces consigue cambiar la vida de las personas. Dado que he visto que esto ocurre tantas veces, sé que cuanto más conoces el mundo, más te sientes parte de ese mundo.

-¿Qué estudias en este momento en tu laboratorio?

-Cultivo plantas en cajas y dentro de esas cajas puedo crear cualquier tipo de clima, de atmósfera, gases efecto invernadero, cualquier cosa. Así que en estos momentos estamos creando en esas cajas el peor futuro que nos podamos imaginar. Por ejemplo, si siguiéramos incrementando el consumo de los combustibles fósiles, ¿cuál sería la situación de la población en doscientos años? Eso es lo que reproducimos en cajas.

-¿Y cuál es el resultado conseguido hasta ahora?

-Hasta ahora la respuesta es compleja, porque en cierto modo las plantas crecen mejor pero también crecen peor. Pensamos en las hojas como en una máquina, como en el motor del árbol, y estamos estudiando la eficiencia de esa «máquina». Así que es complicado dictar hoy una conclusión. porque este futuro terrible que estamos creando -poniendo a prueba esa máquina- está aún en estudio. Quizás a esto pregúntame mejor dentro de diez años.

«Hay un déficitl de conciencia social hacia la naturaleza»

Jahren cuenta sus azarosas contiendas con la carrera científica en «La memoria secreta de las hojas»

«Todos tomamos malas decisiones para el medio ambiente»

«Cada metro cuadrado que cultivamos es una opción»

«Cultivo plantas en las peores condiciones posibles»

«Pensamos en las hojas como una máquina, el motor del árbol»

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