Seis meses de felicidad, seis de tristeza

Noruega arrasa como el país más feliz según la ONU y España se queda con el puesto 34; pero españoles que viven en los países nórdicos discrepan de esta idílica posición

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redacción / la voz 21/03/2017 07:42 h

«Seis meses nos envidian [a los españoles] y otros seis son las personas más felices del mundo. Nadie sabe disfrutar como los nórdicos de un día de sol». Maxi Martín sabe de lo que habla. Llegó en enero a Aarhus, la segunda ciudad más grande de Dinamarca, después de haber pasado una larga temporada en Gotemburgo (Suecia). Y no tiene planes de irse. «Mientras sea joven, quiero seguir viviendo aquí, quiero saber de primera mano cómo es la rutina que les hace ser tan felices». Y es que, lo que dice Martín no solo lo extrapola a muchos de los extranjeros que ha conocido en su etapa lejos de España como arquitecto, sino que sus palabras las avala el último estudio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la felicidad de los países, que dictamina que como en Noruega y Dinamarca -con una puntuación irrisoria de diferencia entre ellos ganando el país de los fiordos- no se vive en ningún sitio.

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Las variables que ha estudiado la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU para extraer en qué países se disfruta de una mayor calidad de vida han sido el Producto Interior Bruto, la esperanza de vida, la generosidad, la corrupción y la libertad. Teniendo en cuenta estos parámetros, España no sale especialmente bien parada, ya que se queda en el puesto 34 entre los 155 examinados. De esta forma, adelanta a Portugal, Italia, Grecia o Rumanía; pero los españoles no consiguen el bienestar que Francia, Israel, Chile, Reino Unido o Taiwán. Entre los primeros puestos del ránking se sitúan, como empieza a ser habitual, países del norte de Europa como Finlandia, Islandia y Suecia, pero también se valora especialmente como países donde reina la felicidad a Canadá, Suiza y Nueva Zelanda.

Aunque las comparativas son odiosas, es inevitable hacerse la pregunta de qué tienen ellos que no tengamos nosotros. Y, según los expertos consultados, la respuesta es clara: menos corrupción y una igualdad de género prácticamente intachable. «La corrupción supone un peso cultural enorme. Por ejemplo, en el norte de Europa no se concibe que una persona como gamberrada robe una barra de labios en una tienda, y aquí nos reímos, tienen otra escala de valores en este sentido», explica la psicóloga clínica Delia Guitián. Por otro lado, Antonio Izquierdo, catedrático de Socioloxía de la UDC, opina que en los países nórdicos «hay una hegemonía de valores», y apunta: «La igualdad de género, la censura de la corrupción, la cohesión social o la solidez del empleo público marcan la diferencia, entre otras cosas, con respecto a España».

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Claudia Gómez, una colombiana que vivió quince años en A Coruña hasta que puso rumbo a Bergen (Noruega) hace dos, no discute el punto de vista de los expertos, ya que según esta investigadora de ciencias materiales «el bienestar social de Noruega no se encuentra en otros lugares del mundo: la conciliación laboral es increíble, la educación es pionera en el mundo y, en mi caso, tengo muchos más recursos para investigar. Por no hablar de los sueldos, que son mucho más elevados». Sin embargo, para Gómez la felicidad es otra cosa que nada tiene que ver con el modus vivendi nórdico. «Yo prefiero vivir en España, y diría que muchos noruegos también. Aquí el tiempo es horrible y viven seis meses encerrados en casa, es cierto que cuando sale el sol lo disfrutan mucho, pero para mí son muy cerrados y es gente difícil de conocer. Además, el acceso al alcohol, tan restringido, creo que es lo que fomenta que en los países nórdicos haya una tasa de suicidios tan elevada», señala.

Martín, aunque feliz de vivir a cientos de kilómetros al norte de su casa, refuta lo que dice Gómez: «Los españoles que conozco es cierto que viven en esa dicotomía: en invierno quieren irse y en verano quedarse».

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