Las brechas en la seguridad de los «muñecos espías» fueron detectadas hace casi dos años

Expertos denuncian que estos juguetes son potenciales instrumentos para enriquecer de forma gratuita bases de datos de empresas


REDACCIÓN / LA VOZ

Los muñecos espía (Cayla e i-Que), que pueden obtener datos de los móviles a los que se acoplan por Bluetooh mediante una aplicación, han suscitado las quejas de quince organizaciones de consumidores y de defensa de la privacidad de Europa y Estados Unidos. Pero la polémica ya había sido puesta sobre la mesa hace casi dos años, en enero del 2015. Y el funcionamiento de estos productos tiene para los expertos una explicación: enriquecer las bases de datos de determinadas compañías que consiguen esa información de forma muy barata. Para que el juguete funcione y pueda mantener conversaciones con el niño hay que bajar una aplicación, lo que provoca que la mayoría de los padres no se paren a leer con detenimiento las cláusulas que supone descargar dicha herramienta, pero sin saberlo está dando vía libre a que su información y mensajes puedan ser utilizados.

«Estas cosas tenían que pasar tarde o temprano, pero sigue siendo sorprendente lo que hacen las empresas para ganar dinero, en este caso para enriquecer de forma gratuita sus bases de datos», destaca Fernando Pérez, experto en privacidad en Internet de la Universidade de Vigo, que considera que esta práctica tiene muchas trazas de ser ilegal, «ya que nada impide que cambien el Software para poner a la muñeca en modo grabación permanente y registrar todo lo que se dice en casa. De hecho, se reservan la posibilidad de cambiar la política de privacidad en cualquier momento y sin avisar al usuario», advierte.

La compañía Nuance Communications -la firma que proporciona Software de reconocimiento de voz para los juguetes- sostiene que se toma muy en serio la privacidad, y «no comparte datos de voz recopilados de ninguno de nuestros clientes con otras empresas», señaló a la BBC el portavoz de la empresa, Richard Mack, que remarcó: «Nuestra política es que no usamos o vendemos datos de voz con fines de márketing o publicidad». Para Fernando Pérez esta explicación viene a decir, por omisión, «que sí están vendiendo o pretenden vender las grabaciones a empresas desarrolladoras de reconocedores de lenguaje natural o de Software de identificación biométrica», por lo que supone un problema muy grave de privacidad.

La reciente denuncia de las asociaciones de consumidores europeas y norteamericanas sobre la falta de seguridad de estos muñecos se une a la que hace casi dos años realizó en la BBC el experto en privacidad Ken Munro, quien ya había advertido de la gran vulnerabilidad en el Software de Cayla para ser hackeado, un problema que a día de hoy no se ha solucionado.

 

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