Alerta sobre los muñecos espía

Organizaciones de consumidores europeas y americanas denuncian la falta de seguridad de dos juguetes que se conectan al móvil, porque creen que pueden robar datos privados


REDACCIÓN / LA VOZ

Los inofensivos juguetes dirigidos a los más pequeños pueden robar datos de los teléfonos de sus propietarios y familiares. Esa es la conclusión de una investigación del Consejo de Consumidores Noruego (Forbrukerradet), que denuncia la falta de seguridad de dos artículos, la muñeca Cayla y el robot i-Que, que a través de una aplicación que se descarga en el móvil permiten conectarse por Bluetooh con el juguete para grabar e intercambiar conversaciones entre los niños y los muñecos. Este organismo carga contra «los preocupantes fallos en torno a la seguridad y la privacidad de los menores». Pero las sospechas ya han cruzado el Atlántico. En Estados Unidos, asociaciones de consumidores y grupos que defienden la infancia y la privacidad de datos han solicitado a la Comisión Federal de Comercio que investigue los dos juguetes, fabricados por Genesis Toys, compañía con sede en Hong Kong, y la empresa americana Nuance Communications, que desarrolla la tecnología de reconocimiento de voz. Los acusan de «recopilar, utilizar y revelar de manera engañosa archivos de audio» de los pequeños sin el consentimiento de los padres. Además, especifican que Nuance trabaja con entidades privadas y públicas, entre las que figuran el ejército y agencias de inteligencia.

«Se ha comprobado que estos juguetes tienen una poca o nula seguridad de la protección de datos. Alguien pueden hackear el aparato y conectarse a unos 20 metros de distancia y robar los datos, porque no existe un botón físico que dé acceso, sino que es a través de Internet», explica Isidro González, del departamento de comunicación de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que también insistió en que todas las conversaciones que se graban por estos muñecos son transferidos a Nuance Communications, que se reserva el derecho de intercambiar esta información con terceros. Además, algunos mensajes que lanzan estos muñecos «podrían considerarse publicidad subliminal, como cuando dicen que les gustan mucho las películas de Disney», afirma González. 

En el acceso a la aplicación para emparejar el móvil y el juguete hay una serie de cláusulas que las asociaciones de usuarios consideran ilegales, como «la obligación de aceptar que los términos se cambien sin previo aviso, que los datos personales puedan utilizarse para publicidad específica y que dicha información pueda ser compartida con terceros no identificados», denuncian desde la Organización Europea de Consumidores, que consideran que estos dispositivos vulneran las leyes de protección de datos. La misma opinión tienen desde la OCU en España, que ya ha solicitado a las autoridades que investiguen los hechos denunciados y «tomen todas aquellas medidas que sean necesarias para la salvaguarda de la seguridad y privacidad de los menores».

Los dos juguetes que investigan están disponibles en España, ya que la muñeca Cayla se puede encontrar en varias tiendas, así como a través de Internet, donde también puede conseguirse el robot i-Que. La Voz intentó, sin éxito, ponerse en contacto con representantes españoles de la firma que fabrica estos productos. 

Otros productos

La OCU intenta determinar si en España se venden otro tipo de muñecos de similares características. Además, según explica Isidro González, las posibles irregularidades no solo se limitan a los juguetes, ya que también están investigando si sucede lo mismo con aplicaciones domóticas que permiten conectar el teléfono móvil al frigorífico o al sistema de iluminación y calefacción.

Bruselas responsabiliza a las autoridades nacionales por la falta de control sobre estos artículos

¿Cómo lograron pasar los controles de seguridad hasta su entrada en el mercado europeo los muñecos espía? Eso es lo que se preguntan las asociaciones de consumidores y usuarios, que están perplejos por la violación de las normas comunitarias sobre protección de datos y protección del consumidor. En los pasillos de la Comisión Europea la noticia cogió desprevenidos a sus expertos, todavía inmersos en las complejas labores de hacer compatible la transición hacia la economía digital con la necesidad de salvaguardar la intimidad y seguridad de los ciudadanos, expuestos a unos cambios que van más rápido de lo que los legisladores alcanzan a controlar.

Bruselas está al tanto del escándalo que ha estallado justo cuando la Navidad está a la vuelta de la esquina y admite que una cadena de errores es la causa de que la muñeca Cayla y el robot i-Que hayan acabado en los estantes de las jugueterías. «Si los juguetes que no cumplen con la legislación de la UE se encuentran en este mercado, los Estados miembros deben tomar medidas», aseguran fuentes de la Comisión Europea. El equipo de Jean Claude Juncker se defiende y apunta a las capitales: «En Europa tenemos fuertes normas de seguridad de productos y de protección de datos, que también afectan a los juguetes. Las autoridades de los Estados son las responsables de garantizar que se cumplan y se apliquen en todos lados», aclaran.

Así lo estipulan las normas. En la Unión Europea, la responsabilidad de vigilancia sobre productos no alimentarios recae sobre el país que expide la autorización. «Nuestros expertos han alertado específicamente a las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y a las organizaciones de consumidores sobre este caso para garantizar que se tomen las medidas necesarias», asegura la Comisión, inmersa todavía en discusiones para cerrar un nuevo paquete de medidas legislativas para mejorar la seguridad, protección y vigilancia en el mercado.

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